Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Editorial:

El terror etarra

Si hacía falta una prueba más de que ETA pretende el terror por el terror, la banda terrorista la dio ayer en la localidad alicantina de Torrevieja. Es difícil encontrar otra motivación que no sea la pura vesania, muy alejada desde luego de esa 'búsqueda de la resolución del conflicto' con la que el portavoz de Batasuna, Arnaldo Otegi, justifica sin rubor sus crímenes, en la colocación de un artefacto de cinco kilos de explosivos en el falso techo de una hamburguesería en una ciudad turística. Afortunadamente, la explosión no produjo víctimas, pero no hay que descartar que las intenciones de los terroristas fueran causarlas. El aviso previo que dieron sobre la colocación de la bomba no puede interpretarse, como se ha demostrado en otras ocasiones, como un intento de evitar muertes, sino más bien como una maniobra para asegurarse de que se producirían: las de los artificieros que intentaran desactivarla.

La colocación de una bomba en una hamburguesería o el aviso de otra en una repleta playa de Santa Pola -otra de las hazañas llevadas a cabo ayer por ETA en la costa alicantina- nada tienen que ver con los que la banda terrorista denomina en su jerga propagandística 'sectores del poder español', 'integrantes de los poderes del Estado' y 'responsables del conflicto'. Y a los que el portavoz de Batasuna, Arnaldo Otegi, se refiere, en términos calcados a los de ETA, en sus explicaciones públicas sobre las causas de ese pretendido 'conflicto'. Se trata de actuaciones criminales directas sobre la población en general dirigidas a causar víctimas y a provocar el pánico generalizado, y de paso la alarma en el maltrecho sector turístico.

ETA puede seguir impertérrita con su campaña de intimidación colectiva y sus ofensivas contra el turismo, hacer oídos sordos del permanente clamor popular que le exige que deje de matar y permanecer ciega ante el evidente fracaso de su estrategia de amedrentamiento. Es una espiral de terror que no ha doblegado ni doblegará al Estado de derecho. En la respuesta a estos atentados que tienen que arbitrar las fuerzas políticas cabe la aplicación, antes o después, de la Ley de Partidos para ilegalizar a quienes los justifican. Pero también es exigible a quien gobierna -con el reconocimiento de las dificultades que ello comporta- el mayor esfuerzo en la detención y puesta a disposición de la justicia de los terroristas, para lograr que vuelva la tranquilidad a los ciudadanos que abarrotan en estas fechas la costa mediterránea.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 10 de agosto de 2002