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CRÓNICA

Del calvario a la luz

El retorno al trabajo tras varios meses de lesión que se hacen interminables

Corría el mes de octubre de 2001 cuando una imagen impactó las pantallas de los hogares españoles. Tras un choque fortuito con Giovanella, la tibia y el peroné de Manuel Pablo, el defensa del Deportivo, se partían en dos hasta quebrar la piel de su pierna derecha y hacerse casi visibles a los ojos de todos los espectadores. Escalofriante. Un mínimo de seis meses de recuperación, adiós a la temporada y al Mundial de Corea y Japón. El diagnóstico fue excesivamente optimista. Manuel Pablo no se reincorporó al equipo hasta esta semana, tres meses más tarde de lo previsto y nueve desde que sufrió de la fatídica lesión. Tras muchas horas de soledad en eternas sesiones de gimnasio, la pierna que salió rota de Riazor aún se mantiene entre algodones.

Javi Jiménez: 'Tu mentalidad cambia, te vuelves menos ambicioso'

El calvario de Toni Velamazán no fue mucho menor. 200 días después de que el médico del Espanyol le diagnosticara una rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda, el centrocampista exclamaba más que aliviado: '¡Por fin he visto el final del túnel!'. Seis meses y medio después, desde que el pasado 6 de enero, en una acción en solitario ante el Málaga, notara un chasquido en su rodilla izquierda que le obligó a retirarse en camilla, Velamazán volvía a disputar un partido sin atisbo de miedo y apenas de molestias. Se sintió lento y falto de chispa, pero tremendamente contento. Atrás dejaba horas, horas y más horas de gimnasio, de recuperación en solitario, algunas de agobio insoportable. 'Tuve dos momentos muy malos', confiesa el centrocampista del Espanyol. 'El primero, al mes de la lesión y, a los tres meses y medio, el segundo'. ¿Cómo los superó? 'Mis padres y mis amigos más íntimos no dejaron que me hundiera nunca', cuenta. Y armándose de paciencia y fuerza mental. 'En este tipo de lesiones', explica, 'tienes que ser muy fuerte psicológicamente porque los días pasan y vas viendo como la recuperación no es tan rápida como querrías'. Velamazán tardó dos meses en hacer vida normal; a los cinco, el trabajo de recuperación se intensificó, pero para entonces sus compañeros ya estaban de vacaciones. 'Ese mes y medio, solo, se me hizo muy duro', admite. Ahora, integrado de nuevo al grupo, sólo piensa en 'volver a ser el de antes'.

Lo de Javi Jiménez es un caso aparte. A sus 26 años, el centrocampista del Valladolid bate records de infortunio. En cinco años, acumula ocho operaciones de rodilla, seis en los dos últimos años. Su rodilla derecha ha sido intervenida en seis ocasiones; la izquierda, en dos. La última hace una semana, en el colmo de la mala suerte. Hacía tan sólo un día que sus compañeros lo habían homenajeado porque, por fin, se había calzado unas botas de nuevo, cuando sintió molestias en su rodilla izquierda. Resultado: una artroscopia más.

Desde que fichó por el equipo pucelano, hace dos años y medio, no ha podido disputar completa ni una sola temporada. Sin embargo, lleno de optimismo y confianza, vaticina: 'Sé que la próxima temporada jugaré, al menos, 20 partidos'. Lo dice apelando a lo bien que le funciona ahora su rodilla mala, la derecha, y a los buenos pronósticos que recibe de Fernando Baró, su médico y, tras tantas horas compartidas, 'mejor amigo y confidente'. No ha sido el único. 'En todo este tiempo', dice Javi Jiménez, 'lo que más he echado de menos es poder entrenarme con mis compañeros que también me han ayudado mucho'.

Pero, por muy optimista que se sea, dos años de lesiones continuas hacen mella. Las prioridades cambian y la recuperación puede llegar a convertirse en una obsesión. 'La mentalidad te cambia, eres menos ambicioso y das gracias por estar en Primera; sabes que, la misma lesión en Segunda puede suponer el fin de tu carrera', confiesa Javi Jiménez. En su caso, refugiarse en los estudios ha sido una buena terapia para huir de la obsesión. Durante este tiempo, ha cursado un ciclo de grado superior de informática para mantener 'la mente ocupada'.

Luis Cembranos, en fase aún de recuperación, ha recurrido al mismo método. El delantero del Rayo Vallecano ha retomado los libros y ha pasado con éxito un curso de adaptación a la universidad y el primer nivel del curso de entrenadores. El próximo año, Cembranos quiere estudiar empresariales. 'La experiencia y una lesión así te hacen ver que los estudios son una necesidad para mejorar como persona y profesionalmente', asegura. Su historia arranca en 1994, cuando, jugando con el Barça B ante el Madrid B tuvo la peor de la lesiones posibles: la triada en su rodilla derecha. En 1996, siendo jugador del Espanyol y en un entrenamiento, se rompió el ligamento cruzado de la rodilla izquierda. En octubre pasado, la plastia que le implantaron en 1994 volvió a quebrase. Cembranos guarda en su mente la película exacta de cada lesión. 'La sensación que tuve fue de agobio, sobre todo por la delicada situación que atravesaba el equipo', recuerda ahora que ya lleva dos semanas alternando algunos entrenamientos con sus compañeros. Poder incorporarse al grupo, cualquier pequeño avance es todo un 'premio a tantos meses de trabajo y a tanta rabia contenida'. 'Cosas tan sencillas como vestirte de corto, que te dé el aire o romper a sudar porque has podido correr un poquito son toda una alegría', explica Cembranos. El delantero del Rayo vive su lesión como lo peor que le puede suceder como futbolista. 'Cuando el entrenador no cuenta contigo, puedes luchar para hacerle cambiar de opinión. Cuando estás lesionado, es una lucha contra ti mismo, contra tu cabeza y tu rodilla'. Y durante esa lucha, el jugador se convierte en un individuo más egoísta. 'Sales del grupo e, inevitablemente, te vuelves más individualista. Necesitas cosas para dejar de pensar en tu rodilla y en si tu esfuerzo te servirá de algo', argumenta.

No son los únicos casos. Entre otros, Berizzo del Celta, que se lesionó en febrero, tenía prevista su recuperación para este verano. Como Loren (Real Sociedad), que también se lesionó en febrero y ha preferido retirarse, y Pablo Paz (Tenerife), que lo hizo en diciembre de 2001. A Juan Gómez (Atlético) le diagnosticaron dos meses de baja tras romperse en junio de 2001, en mayo de este año volvió a operarse y aún sigue recuperándose. Michel (Rayo), que se rompió en abril, no lo hará hasta octubre.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 28 de julio de 2002