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FESTIVALES DE VERANO

Marcia Ball sorprende en un certamen lleno de figuras

La voz rotunda y convincente de la cantante tejana animó el 26º Festival de Jazz de Vitoria

Todo festival de jazz debe tener su sorpresa, si no ya no sería un buen festival de jazz. En Vitoria, este año la sorpresa se llama Marcia Ball y, curiosamente, no ha surgido del ciclo Jazz del siglo XXI, donde años atrás solían acumularse las sorpresas, sino del escenario gigante del polideportivo de Mendizorrotza. La cantante y pianista tejana afincada en Nueva Orleans (buena mezcla) llegaba para llenar un hueco teloneando a un mito del blues como Buddy Guy, pero con un concierto apabullante, alegre, comunicativo y cargado de buenas vibraciones se alzó como la gran triunfadora de un día musicalmente muy denso.

Una densidad que había comenzado a media tarde, cuando el Jazz del siglo XXI recibió a un puñado de glorias: el nuevo grupo de Archie Shepp en el que militan nada más y nada menos que Cameron Brown, Amina Claudine Myers y Ronnie Burrage. Era jugar sobre seguro y el teatro Principal se llenó de una de esas músicas atemporales que encierran en cada nota toda la historia del jazz provocando una excitación interior difícil de explicar. El jazz con mayúsculas corre por las venas de esos cuatro músicos que viajaron en un constante ir y venir de la vanguardia al clasicismo demostrado que la gran música afroamericana no admite compartimentaciones (ninguna música las admite, aunque persistamos en crearlas).

Por la noche, el quinteto de Marcia Ball precedió a la exhibición circense de un Buddy Guy más interesado en pasearse entre el público, hacer el payaso e imitar con su guitarra el sonido de otros grandes, que de interpretar música. El público se lo pasó en grande, pero aquí faltó alguna fiera, malabaristas y un buen payaso. El guitarrista de Chicago no es un buen payaso, y ya se sabe que sin un buen payaso el circo es algo triste, y triste resultó la actuación de un guitarrista del tamaño de Guy sin el mínimo interés por hacer música. Sólo cuando cambió su Stratocaster con aspecto de estar pasando la varicela por una guitarra acústica sonaron notas atractivas en Medizorrotza, pero la alegría duró poco.

Por suerte, antes el polideportivo había albergado un concierto que incendia el local. Marcia Ball no es una recién llegada, a sus 53 años lleva mucho escenario pisado y se nota. La mezcla tan inteligente como contagiosa de rhythm and blues al más puro estilo criollo, abundante swamp boogie con country de ése que ahora llaman alterativo y música de las calles de Nueva Orleans es tremendamente efectiva. Y más cuando la voz de Marcia es rotunda y convincente y su toque pianístico, a medio camino entre el más killer Jerry Lee Lewis y el más alegre Professor Longhair, es sencillamente apabullante. La tejana mezcló los temas más rítmicos con algún blues de gran calado y acabó recordando sus raíces tejanas con un tema desbordante de Joe Ely. Sin duda, y a falta de dos sesiones, el de Ball es el concierto a recordar de este 26º festival.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de julio de 2002