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COYUNTURA NACIONAL

Cuestión de confianza

La economía española atraviesa por uno de los momentos más interesantes y difíciles de diagnosticar para los analistas de la coyuntura, los cambios de fase cíclica. El último ciclo se inició a finales de 1993 y tuvo sus momentos álgidos entre 1997 y 1999, con tasas de crecimiento del PIB que en algún momento llegaron a superar el 5%. A partir del año 2000 se inicia la fase descendente, que en esta ocasión parece haberse saldado con una simple desaceleración de dichas tasas hasta el entorno del 2%, sin caer, pues, en cifras negativas como ha sucedido en otras grandes economías y en otros periodos anteriores.

En estos momentos el análisis se centra en diagnosticar si ya ha finalizado la fase de desaceleración o no y en adelantar el calendario y ritmo de la nueva fase de expansión. Ya saben, para las instancias oficiales y para los más optimistas este cambio ya se ha producido, mientras que para los más pesimistas las cosas aún pueden empeorar. En mi opinión, el enfoque optimismo-pesimismo debería dejarse de lado, al menos por los profesionales. ¿Acaso acuden ustedes a los médicos en función de si son más o menos optimistas? El problema de la economía, aparte de que no es una ciencia exacta, es que hay mucho intrusismo profesional y cualquiera se siente preparado para opinar. En unos casos, la ignorancia es muy osada y, en otros, se intenta conducir la opinión hacia intereses propios.

La fase de desaceleración puede estar tocando fondo, pero no se observa aún una clara recuperación

Entre los indicadores más utilizados para analizar los cambios cíclicos están los llamados de confianza, sentimiento o clima económico. Se basan en encuestas que recogen la opinión sobre el momento coyuntural. No nos dicen cuál es el nivel o cuánto crece la variable de referencia, pero recogen muy bien las tendencias. En los gráficos adjuntos pueden ver la evolución de los más representativos. Los del gráfico izquierdo muestran el clima entre los empresarios de los sectores industrial y de la construcción. Los dos señalan un mínimo en el primer trimestre y una recuperación intensa en el segundo. Es la misma evolución que se observa a nivel internacional, y reflejan el cambio de expectativas empresariales que se ha producido tras la fulgurante recuperación de la economía norteamericana a comienzos del año. El problema es que este cambio no puede darse por consolidado, pues los acontecimientos del segundo trimestre, entre ellos, la caída de las bolsas, la cadena de irregularidades financiero-contables en grandes empresas, el agravamiento y extensión de la crisis argentina por otros países latinoamericanos y las dificultades con que tropieza la recuperación americana, pueden volver a enfriar las expectativas.

El gráfico del centro recoge el clima entre los empresarios del comercio minorista. Sería un indicador (y parece que adelantado) del comportamiento del consumo. Muestra un mínimo en el cuarto trimestre del pasado año y una recuperación en los dos trimestres siguientes, si bien el movimiento es tímido y no puede catalogarse aún como un claro cambio de tendencia. El gráfico derecho muestra la confianza de los consumidores. En este caso, el indicador sigue cayendo. A la vista de toda esta información, yo concluiría que la fase de desaceleración puede estar tocando fondo, pero no se observa todavía una clara recuperación. Los últimos acontecimientos en el mundo financiero y empresarial pueden posponerla hasta final de este año.

Ángel Laborda es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros Confederadas para la Investigación Económica y Social (FUNCAS).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de julio de 2002