CARTAS AL DIRECTOR
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Mejorando las previsiones

El trágico accidente aéreo ocurrido el lunes entre el Boeing 757 de carga y el Tupolev de pasajeros seguro que a muchos nos ha horrorizado. El hecho de pensar que es posible que se produzca una colisión en pleno vuelo no resulta tranquilizador a la hora de viajar en avión.

El martes pasado escuché en un programa de radio la opinión de un experto en accidentes del sindicato de pilotos y su exposición era tranquilizadora: estos accidentes en pleno vuelo son enormemente improbables. Además, a la pregunta de un contertulio sobre si este último accidente podría haberse debido a la reducción de la distancia vertical de separación entre corredores aéreos de 600 a 300 metros entre las cotas de 29.000 y 41.000 pies, el experto respondió que nada tenía eso que ver, puesto que esa distancia de seguridad era la ya empleada por debajo de 29.000 pies.

Hasta aquí, todo perfecto; sólo queda lamentarse de la serie de casualidades que llevaron a que se produjese el accidente. Sin embargo, al ver la noticia recordé el artículo en el que se comentaba la citada reducción de la distancia vertical entre corredores aéreos y que aparecía en EL PAÍS del jueves 24 de enero de 2002. Este artículo llamó mi atención, ya que comentaba que el nuevo sistema se había sometido a estrictos requisitos de seguridad, realizando medio millón de simulaciones, y que la posibilidad de colisión en pleno vuelo era inferior a una entre un millón.

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En el momento de leer ese dato volví hacia atrás, porque recordaba que anteriormente se mencionaba el número de vuelos sobre cielo europeo en 2001; y, efectivamente, en 2001 se produjeron 8,39 millones de vuelos en este espacio nuestro. La conclusión parecía clara: en 2002 habría, muy probablemente, ocho o menos choques entre aviones en pleno vuelo.

Yo utilizo el avión de vez en cuando, y la verdad es que me inspira gran confianza. Estoy seguro de que mi razonamiento debe fallar en algún punto, ya que no creo que los técnicos asuman ocho tragedias de este tipo en un año como algo aceptable; si no fuese así, podríamos considerarnos afortunados de que en medio año sólo se haya producido una colisión en vuelo.

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