Reportaje:

Obra, artista y espectador

Una exposición sobre la escultura de los años noventa abre la IV Universidad de Verano de la Fundación Capa

'El arte consiste en sorprender'. La sentencia es de Miguel Cereceda, comisario de Desesculturas, una muestra que puede causar cualquier reacción menos indiferencia. Desesculturas es un recorrido por la escultura de los años noventa, una selección de 22 obras 'de espíritu escultórico' combinada con otros formatos, como el vídeo, la música o la arquitectura, y en la que la participación del espectador es fundamental. La exposición inaugura la IV Universidad de Escultura de la Fundación Capa, que ofrece cuatro cursos de especialización: talla de piedra, de madera, fundición en bronce y técnicas mixtas.

Desesculturas llega a Alicante -estará expuesta los meses de julio y agosto en el Castillo de Santa Bárbara- tras un éxito de público y crítica en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Se trata de la segunda parte de una muestra organizada por la Fundación en 1999 que analizaba la década anterior. La principal conclusión de Cerceda es que no sólo ha cambiado la escultura sino también el lenguaje y el propio concepto de esta rama del arte.

Las obras están divididas en seis grupos, una por cada edificio del complejo, dependiendo del medio al que recurren para completar la escultura. El Cuerpo de Guardia del castillo acoge los trabajos relacionados con la música. Battérie Cinéma, por ejemplo, del colectivo de artistas valencianos Laboratorio de luz, presenta una batería electrónica con la que el visitante ejecuta varios monitores que se proyectan sobre una superficie.

'Toda obra requiere la contemplación del espectador, y en algunos casos también la participación', explica Cereceda. En el caso de Estoy aquí, de Fernando Baena, obra y observador se confunde. La pieza consiste en un entramado de cañizo en el techo de la sala, que cubre totalmente y reduce la altura de la estancia a metro y medio. 'La imagen de la habitación cortada y el público deambulando agachado es espectacular', opina el comisario de Desesculturas.

La Taberna, otra zona del castillo, reúne las obras que recurren a la imagen para completar escultura. Artistas como Gonzalo Puch o Eduardo Valderrey no se limitan a crear figuras sino que proyectan sobre ellas textos, gráficos y fotografías que les otorgan un significado diferente. La silueta de un hombre bailando con zancos plasmada en fotografías forma Building, de Pedro Mora, una obra que muestra la concepción de la escultura, ya que además incluye una proyección de una videocámara colocada en los zancos del hombre.

Y ya que se muestra el camino de creación, '¿por qué no la destrucción?' Cerceda incluye en la exposición la polémica figura de El esclavo, de José Sanleón, que el propio artista destruyó a golpes ante el IVAM de Valencia. Un vídeo ofrece las imágenes del destrozo junto a la figura reconstruida.

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La muestra Desesculturas parte de una obra del artista conceptual Perejaume, titulada de igual modo. Se trata de una escayola realizada sobre los contornos de la oquedad de una cantera. Perejaume encargó a un marmolista que tallara una pieza bruta de marmol siguiendo el modelo de la escayola. Finalmente devolvió la obra a su lugar de origen, colocándola en el hueco de la cantera.

Toda una declaración de intenciones convertida en arte.

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