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Reportaje:

Un ateo zarandea el sistema americano

Convulsión en EE UU por una sentencia que corrige el juramento a la bandera

Michael Newdow, un físico que por encima de todo se define como ateo, no podía soportar que cada mañana su hija, en el colegio, tuviera que participar en el juramento a la bandera, una breve ceremonia de exaltación patriótica que se recita en cada clase cada mañana: 'Juro fidelidad a la bandera de Estados Unidos de América, y a la república que representa una nación bajo Dios, indivisible, con libertad y justicia para todos'. Todos tienen que estar allí durante el juramento; no están legalmente obligados a recitarlo, pero casi todos lo hacen. A Michael Newdow no le molesta jurar lealtad a su bandera o que su hija tenga que hacerlo cada mañana. Se siente más patriota que ninguno de sus conciudadanos, pero había dos palabras en la frase del juramento que le ponían de los nervios: 'bajo Dios'. Se sentía constitucionalmente estafado porque semejante mención divina entraba en conflicto con la separación de la Iglesia y del Estado y, sobre todo, con su derecho a no creer en Dios. Llevó el caso a los tribunales y perdió. Pero recurrió y ganó.

Newdow no soporta que su hija tenga que jurar lealtad a la enseña de 'una nación bajo Dios'

El tribunal de apelaciones de San Francisco que le ha dado la razón tiene fama de ser el más liberal del país. De los tres jueces que lo forman, sólo uno votó en contra, Ferdinand F. Fernández, nombrado para el cargo por el presidente Bush. Por algo el presidente del Congreso, Denis Hastert, decía ayer que no piensa dejar de criticar la decisión 'obviamente equivocada de ese tribunal liberal'. Bush, igual que su juez en San Francisco, se mostró tan indignado por la sentencia como para calificarla de 'ridícula', un término que raramente emplea un político para definir una decisión judicial. Toda la clase política del país está con él, desde los republicanos, como el senador Charles Grassley, que definió la sentencia como 'una tontería abrumadora', hasta los demócratas, como Richard Gephardt, para quien los jueces tomaron una decisión 'sin ningún sentido'. Todos han evitado el debate de fondo y parecen heridos en su americanismo. Tanto es así que ayer comenzaron las sesiones en el Capitolio con un recital al unísono del juramento a la bandera. Senadores y congresistas gritaron con énfasis cuando llegaron a las palabras 'bajo Dios'.

Los jueces, afectados quizá por los tiempos que corren, tratan de explicar en su sentencia que 'decir que EE UU es una nación bajo Dios' es tan censurable como hacer a los niños decir 'una nación bajo Jesús' o 'bajo Zeus' o 'bajo ningún Dios', porque ninguna de estas menciones es neutral con respecto a la libertad religiosa'. Dicen los magistrados que un ateo o una persona que profese una religión no judeocristiana puede interpretar la frase como una imposición.

El juez que disiente se queja de que 'la teoría constitucional aceptada por mis colegas puede hacer que pronto tengamos que prohibir la interpretación en público de nuestro cancionero patriótico', con mención explícita a las clásicas God bless America y America the Beautiful. Hay una paradoja de la historia en este debate. La frase fue redactada por un religioso baptista en 1892, pero en su formulación inicial no había ninguna referencia de carácter religioso. En 1954, el Congreso añadió las palabras 'bajo Dios' en una decisión que recibió la firma entusiasta del presidente Eisenhower. Los jueces consideran que aquella modificación tenía la guerra fría como telón de fondo: se hizo como maniobra de distinción ante el ateo enemigo comunista. La sentencia ha generado el debate más emotivo de los tiempos recientes, especialmente en un país que pone 'confiamos en Dios' en el elemento más sagrado de su filosofía: el dólar. Ahora la decisión del tribunal de apelaciones regresa al de primera instancia que, si lo ratifica, prohibirá el juramento a la bandera en los nueve estados que forman el distrito judicial. Después llegará dentro de unos meses al Tribunal Supremo. Y los jueces del Supremo nunca permitirán un golpe de semejante calibre al espíritu americano.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 28 de junio de 2002