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La Malva-rosa revive su noche más mágica

La noche más especial de la Malva-rosa -la Nit de Sant Joan- cumplió ayer con el tradicional ritual de luz y color con el que los vecinos de este marinero barrio de Valencia, acompañados por cientos de miles de ciudadanos de los más variados puntos, acuden puntualmente a la cita nocturna con el fuego para celebrar la llegada del verano, conjurar peligros, bañar los pies saltando siete olas -grandes o pequeñas, no importa- y cumplir así con el rito de la 'purificación'.

Desde la popular avenida Eugenia Viñes plagada de restaurantes hasta las últimas terrazas y chiringuitos de la avenida Isabel de Villena, la arena se transformó en un tapiz colorista plagado de pequeñas fogueres hechas de todo aquello que sobra o se maldice, siguiendo la tradición.

Pero junto a los ritos, el sincretismo cultural se abre paso cada año con más intensidad de la mano de inmigrantes cubanos, ecuatorianos, peruanos que animan la velada con variados ritmos latinos y afros, danzando -nunca mejor dicho, 'a la luna de Valencia'-, en una fiesta multicolor con mucho olor a comida casera y pólvora. Ante la avalancha habitual de gente, el Ayuntamiento puso en marcha un operativo especial con 150 agentes de la Policía local para regular el tráfico, un amplio dispositivo sanitario en previsión de cualquier contingencia y un amplio servicio de autobuses nocturnos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 24 de junio de 2002