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El jurado reduce a 10 años la pena máxima por el crimen de la calle de Aribau

Homicidio y no asesinato. Eso es lo que considera el jurado que ocurrió en el llamado crimen de la calle de Aribau de Barcelona, cuando el español de origen marroquí Hamid Saada fue asesinado de un tiro en la cabeza y sin mediar palabra por Domingo Correa Almendro. El tribunal popular ha considerado, además, que al acusado se le debe aplicar la eximente incompleta de haber actuado bajo los efectos del alcohol, lo que le comportará una rebaja de la pena. El jurado no ha entrado a evaluar el agravante de racismo al impedirlo el presidente del tribunal.

El veredicto del jurado se conoció anoche y causó cierta sorpresa entre las tres acusaciones personadas en el proceso: la fiscalía, la familia de la víctima y el Ayuntamiento de Barcelona, que ha ejercido la acción popular en la causa. Las tres partes han mantenido durante el proceso que se trataba de un asesinato y de ahí que reclamasen para el acusado 20 años de prisión, el máximo previsto por el Código Penal. Por ese motivo, y con independencia de cuál sea la sentencia, las acusaciones ya anunciaron que recurrirán ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña.

Los nueve integrantes del tribunal -cinco mujeres y cuatro hombres- consideran que el acusado disparó esa noche con la intención de matar, pero rechazan por siete votos a dos que existiera alevosía en su actuación. Esta distinción, fácil de apreciar por un tribunal profesional, es el auténtico nudo gordiano de todos los juicios con jurado en los que se juzga un crimen y ha provocado numerosas sentencias revocatorias. De ahí la gran importancia que adquiere el llamado objeto del veredicto, que no es otra cosa que las preguntas que se entregan a los miembros del jurado. Un magistrado de la Audiencia de Barcelona con una dilatada experiencia en derecho penal y que ya ha presidido varios juicios explicó ayer que para determinar en estos casos si hubo o no alevosía se llega a través de otras preguntas en las que se le pregunta al jurado que se pronuncie, entre otras cuestiones, sobre si la víctima se pudo defender, si medió una discusión previa o si considera que el acusado actuó de manera sospresiva.

Parece un matiz jurídico de poca monta, pero lo que está en juego es una condena que puede ser de un máximo de 10 años, en el caso de homicidio, o de 20 si se trata de asesinato. Juan Antonio del Moral, abogado de la familia de la víctima, entiende que en este caso se ha podido conducir al jurado a un error en la redacción de las preguntas del objeto del veredicto.

Lo mismo ocurre, en su opinión, con la eximente incompleta de alcoholismo. El tribunal ha considerado que sí existió a partir de las declaraciones del acusado y de sus amigos, quienes relataron durante la vista que habían consumido varias botellas de vino durante la cena que celebraron en la noche del 9 de septiembre de 2000. Domingo Correa explicó en el juicio que, posteriormente, tomó otros ocho o nueve cubatas y cinco o seis chupitos en el pub de la calle de Aribau. Fue a la salida cuando se encontró a Hamid Saada y le pegó un tiro en la cabeza sin mediar ninguna discusión. El tribunal, por tanto, no da ninguna credibilidad a la coartada del acusado, de que él sólo llevaba aquella noche una pistola de juguete.

Otra circunstancia singular de este proceso es que el supuesto móvil racista del crimen no ha llegado a ser analizado por el jurado. Jesús María Barrientos, presidente del tribunal, planteaba esta cuestión en una resolución previa al juicio, lo que se denomina auto de hechos justiciables. Así, en el punto cuarto de esa resolución se anunciaba que el tribunal debería pronunciarse 'si el ataque lo realizó el acusado sobre la persona de Hamid Saada por presentar éste rasgos característicos de raza árabe, porque no les gustaban las personas de dicha raza, hacia quienes sentía un abierto desprecio y repulsión y porque pensaba que las personas de raza árabe no sabían estar en su sitio y había que contenerlos'. Al final, ese extremo no ha sido discutido por el jurado por decisión del magistrado. Las acusaciones habían defendido durante todo el proceso que al acusado se le debía aplicar el móvil de racismo.

En espera de sentencia

Ahora, después de la decisión del jurado, corresponde al presidente del tribunal, que es el portavoz en Cataluña de la Asociación Profesional de la Magistratura, dictar sentencia. La defensa solicitó ayer dos años y medio de prisión, lo mínimo previsto por la ley en estos casos. Las acusaciones, diez años de cárcel menos 31 días, que es la rebaja mínima que en su opinión se debería aplicar al acusado al apreciarse la eximente incompleta de alcoholismo.

Hamid Saada tenía 37 años cuando fue asesinado y era padre de tres hijos. Su esposa, Anna Rigol, declinó anoche pronunciarse sobre el veredicto del jurado hasta que no conozca la sentencia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 15 de junio de 2002