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Crónica:BARCELONA

Sin toros no hay fiesta

La corrida de Zalduendo frustró todas las expectactivas que había despertado esta corrida, con varios astados inválidos e incluso alguno impresentable, como el quinto, que despertó justamente las iras de un paciente respetable.

Paco Ojeda estuvo muy dispuesto toda la tarde. Intentó paliar la flojedad de su primero y estuvo muy valeroso y templado con el cuarto, a pesar de la hostilidad de un sector del público. Perdió un posible trofeo por su mal uso de los aceros. José Tomás no pudo muletear más que con quietud y temple a su muy flojo primero y se las vio con el impresentable y muy protestado quinto, con el que toreó como de salón y entre división de opiniones.

Miguel Abellán, con el mejor lote, estuvo muy decidido a lo largo de toda la actuación e hizo una faena excelente al buen primero, perdiendo un trofeo por sus desaciertos estoqueadores. En el sexto, el muleteo fue desigual, con más vibración que reposo, aunque no faltase nunca la entrega. Volvió a fallar con la espada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de junio de 2002