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Crítica:DANZA | COMPAÑÍA DANZADAS

Sotanas y misterios

La compañía Danzadas se mantiene en su línea estética, pero esta vez ha elaborado una pieza más ambiciosa tanto en su factura como en las líneas de baile. Sobre un guión que habla de obsesiones y pasiones imposibles, los bailarines se mueven con brío e intensidad en un registro alto y dramático que desemboca en oscuro esplendor.

Germán Cabrera (antiguo solista del desaparecido Ballet Nacional Clásico) hace gala de sus dotes y dibuja un personaje tangencial, especie de fauno nocturnal que conecta las escenas y ejerce de mala conciencia; la danza, en general, es buena, hecha con entrega, y se deja penetrar de otros ecos contemporáneos: el trabajo de suelo, la pantomima expresionista. No por ello faltan los buenos braceos de tradición, las vueltas de pecho y castañuelas entonadas dentro del argumento, con un uso discreto y eficaz del zapateado. Es una interesante propuesta de fusión que también está planteada en la banda sonora sobre la idea de que la danza, como tal, admite de tales convivencias teatrales.

Compañía Danzadas

Psique. Coreografía: Carlos Chamorro. Música: Tactequeté, Juan Parrilla, Pablo Suárez y Javier Paxariño. Luces: José Bau. Vestuario: Gabriel Bessa e Inmaculada Martín. Sala Triángulo. Madrid, 8 de junio.

Merece destacarse de la producción los preciosos trajes artesanos de las mujeres y las largas sotanas de los hombres (por un momento se piensa en una escena de La Regenta); son vestidos que, con sus pinturas, evocan un paisaje surrealista y abismal, tormentoso. No puede decirse lo mismo de los elementos escenográficos, de dudosa factura y utilidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de junio de 2002