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Crónica:Mundial 2002 | Grupo D

Ahn y Song

La vibrante selección de Corea del Sur produce nuevos héroes

Corren tiempos difíciles para el vanidoso Ahn Jung Hwan. Durante dos temporadas, este muchacho de pelo teñido de caoba, largo y al viento, se dedicó a lucir el palmito y la llegada a gol en los campos de Corea del Sur. Durante dos años, entre 1998 y 2000, fue la revelación. Un nuevo modelo de deportista, de héroe nacional y de objeto sexual, todo en uno. Se le pronosticaban días de gloria. Pero precisamente cuando el fútbol coreano se dispuso para vivir su noche más fabulosa, su debú en esta Copa del Mundo, la semana pasada, el bueno de Ahn apareció en el banquillo. Jugaron otros, más feos y menos célebres, pero a los que sus extraordinarias condiciones técnicas les han puesto en el escaparate tras derrotar a Polonia (2-0). Algunos, como el goleador Hwang, de 34 años, son viejos en el equipo. Otros, como Song, se presentan por sorpresa. Así de cambiante es el fútbol coreano.

Ahn era la clase de regateador nato, hábil y gozoso media punta con disparo firme, que tanto gusta en Asia. Jugaba en el Busan Icons. Tanto ruido hizo que en Italia se interesaron por él y un representante audaz consiguió cederlo al Perugia en 2000 convirtiéndole en el primer coreano de la historia en jugar en el calcio. En ese punto se produjo el choque cultural que dejó a Ahn fuera de onda.

Ahn era en 2000 la estrella indiscutible de Corea. El preferido de los hinchas y, sobre todo, de las colegialas de faldas grises. Un grupo de unas diez recorrieron ayer varios kilómetros hasta encontrar la concentración en la que el equipo nacional descansa, en Gyeongju, y así poder esperar al ídolo hasta que se asomara a la ventana de su habitación. '¡Te quiero!', le gritó una chica. En ese momento, milenios de introversión y recato en las formas de las relaciones entre sexos en el Lejano Oriente pasaron, de alguna manera, a mejor vida. Ahn despierta en Gyeongju las mismas reacciones que desencadenaba Frank Sinatra en 1955 en las adolescentes de Chicago. La liberación de la mujer y las estrellas pop, como Ahn, van de la mano, pero eso al seleccionador de Corea del Sur, el holandés Guus Hiddink, le trae sin cuidado.

A la vista de los datos futbolísticos, Ahn fracasó en Italia. Ha marcado un solo gol en el Perugia. No lo ha hecho de falta directa ni gracias a un estupendo zurdazo después de cuatro regates. Lo hizo de cabeza, contra el Udinese y tras sustituir a Baiocco en el minuto 53. No ha sido titular y ahora el Perugia le quiere comprar por menos de lo que pide el propietario del pase, el Busan Icons. Hiddink le mira con desconfianza. Le recuerda a Seedorf por su apatía para marcar y colaborar en funciones tácticas. Es un hedonista.

Todo lo contrario le ocurre a Song Jong Kull. Este jugador, de 23 años, es un marcador derecho que también juega como extremo. Usa las dos piernas -en Corea del Sur es raro descubrir zurdos o diestros cerrados- y corre arriba, abajo, marcando a los puntas contrarios o desbordando para centrar. Hiddink ve en él a una especie de Willy van de Kerkhof revivido, sólo que capaz de jugar de tercer central también. Una pieza de museo casi. Un hallazgo asiático para recrear el fútbol total.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de junio de 2002