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CRÓNICA

'No ser los mejores, sino los primeros'

'Los chicos de oro' portugueses debutan ante EE UU con el reto de ganar al fin el título absoluto

En abril, el día siguiente de ayudar a Portugal a empatar con Brasil (1-1), Luis Figo se encontró con un espía de la selección estadounidense en el aeropuerto de Lisboa. Figo estuvo educado, pero se le notaba cansado.

Estaba a punto de volver a España, para reintegrarse al Madrid, pero dijo bromeando que habría preferido un destino más tranquilo. 'En estos momentos lo que más me apetece es meterme en una limusina, marcharme a casa y meterme en la cama y no salir en tres días', dijo Figo al técnico.

El 15 de mayo, Figo, un jugador cansado y lesionado en un tobillo, no fue precisamente el más decisivo en la conquista de la novena Copa de Europa por el Madrid. Se dice que desde entonces se ha recuperado, pero queda por ver qué Figo y, por extensión, qué Portugal será el que aparezca hoy en Suwon (Corea del Sur) en su debú ante Estados Unidos. ¿Será el elegante, el amenazante Portugal que marcó 33 goles en una fase de clasificación que pasó invicto, el equipo que alcanzó las semifinales de la Eurocopa 2000, la selección que carga con las esperanzas de un primer ministro y de un país de diez millones de habitantes de ganar, por fin, el Mundial? ¿O será el Portugal exhausto después de una larguísima temporada para sus clubes, un equipo que no está acostumbrado a la tensa atmósfera del torneo después de 16 años de ausencia de una fase final, una selección que no podrá soportar la presión que le exige igualar al menos su tercer puesto de Inglaterra 66?

Cuando tenía once años, Figo estaba tan apasionado por el fútbol que todos los días cogía un ferry y un autobús para entrenarse con el Sporting de Lisboa. Cuando fichó por el Barcelona, en 1995, los aficionados del Sporting digirieron tan mal su marcha que a punto estuvieron de agredirle en la sala de prensa del estadio Alvalade.

Los aficionados le han perdonado y le apoyan de nuevo, a él y a todos sus compañeros, llamados los chicos de oro porque muchos de ellos ganaron el Mundial juvenil en 1989 y 1991. Pero aún no han ganado el absoluto. Muchos piensan que ésta es su última oportunidad. Como repite su seleccionador, Antonio Oliveira: 'Tenemos que dejar de ser los mejores y empezar a ser los primeros'.

© The New York Times

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de junio de 2002