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COLUMNA

Transición

Lamento haberme perdido la presentación que tuvo lugar el pasado lunes en el Club Jaume I del libro que al alimón han confeccionado Josep Maria Felip y Benito Sanz porque estoy seguro que, como ocurre tantas veces en estos menesteres, debieron aprovechar la ocasión para añadir noticias aún más comprometidas de las que vierten en su obra Política y políticos valencianos. 25 años: 1975-2000. Del Tardofranquismo al Estatuto. 1975-1982. Tampoco he querido preguntar a los comensales la esperada intervención de Rafael Blasco, a quien el club encargó oficiar de introductor, pero estoy seguro que dio alguna clave nueva de aquel apasionante período que el libro reconstruye por más que Blasco irrumpió tarde en la transición valenciana por razones de todos conocidas. Felip y Sanz, además, no actúan como dos periodistas con nostalgia del pasado sino -y esto le da a su investigación un valor determinante-, como dos espectadores/protagonistas de primera línea. En tanto que espectadores vivieron el día a día del amplio periodo recogido; como protagonistas estuvieron muy cerca de lo que ocurría en los ámbitos donde se producían las auténticas claves del proceso. En efecto, tanto Sanz como Felip desempeñaron diversos cargos públicos en el Gobierno valenciano, y estuvieron muy cerca de Albiñana, Ciscar, García Miralles o Lerma, entre otros, durante años. Ambos estuvieron al día de los acontecimientos que se produjeron durante la transición y presenciaron sin intermediarios muchos incidentes que jalonaron el camino de nuestro País Valenciano hacia su neutralización nacionalitaria, es decir, el otorgamiento del Estatuto de Autonomía. Pero lamentablemente, aún no ha transcurrido el suficiente tiempo para que los secretos que conocen los autores (también el editor, Juan de Dios Leal) o las evidencias que presenciaron tengan el rango de materias desclasificadas aptas para pasar al dominio público. Por ello, el libro, que ofrece mucha información para quienes no conocieron la etapa o les pasaron por alto singulares detalles, se apea prudentemente en algunos cruces de camino como preso de un pudor sólo justificable por la decencia investigadora de los autores. A mí, como a muchos lectores -y en mi caso, además como espectador-, nos habría gustado que el libro no hubiese dejado ningún sótano por descubrir; incluso que a las intuiciones certeras del who is who les hubiese acompañado el atrevimiento de revelaciones que los autores (seguro que) guardan, pero nadie puede negar que las aportaciones del libro (en fotos, en documentos, en datos, en cronologías y, sobre todo, en el análisis en corto de un buen número de acontecimientos), que están en la línea iniciada por Sanz en su ya copiosa producción sobre la historia política del antifranquismo, del socialismo y, ahora, de la transición y de la democracia en el País Valenciano, suponen un ejercicio de recuperación de datos y ordenación de asuntos sin los cuales nadie podría hacer historia política. Este libro, que anuncia ya su continuación para el período que empieza en el 82 con un análisis de la clase política en la Comunidad Valenciana en el fin de siglo, ha motivado que algunos protagonistas se lamenten en privado de que no se les hace justicia; pero, precisamente esas recriminaciones no pueden sino entenderse como un acicate para que nuevas aportaciones -en este caso, las de los agraviados-, y otros enfoques completen la recuperación de la historia reciente, ahora que la hegemonía de la derecha permite reflexionar sin prisas.

Vicent.franch@eresmas.net

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de junio de 2002