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Reportaje:Mundial 2002

Un hombre tranquilo

Tras sus reiteradas lesiones de rodilla, Ronaldo ha madurado como persona y parece más relajado

Quienes conocen a Ronaldo aseguran que llega corto de preparación, pero más relajado que hace cuatro años. En Francia 98 fue alfa y casi omega. Sólo al final Zidane le robó el protagonismo. O no, porque Ronaldo fue noticia en la final de París. Hospitalizado horas antes, corrieron rumores alarmantes sobre su salud. Su nombre no figuró en la alineación inicial de los brasileños. Pero jugó a pesar de todo. La reacción alérgica a un pinchazo de analgésicos no fue suficiente para impedírselo. Si hubo presiones comerciales o no, es algo que no está claro, pero ese incidente reveló el estado de tensión que atravesó. Ahora está limitado por casi tres años de lesiones en una rodilla. Hay un interés enorme por observar su rendimiento, lo que no es poco peso para el jugador, cuya actividad en el Inter ha sido muy breve. Tras sufrir recurrentes problemas musculares, sólo disputó con ciertas garantías los últimos partidos de la Liga italiana.

Le tocó perder dos veces en Francia 98. Perdió la final y su condición de rey indiscutible

En Ulsan parece un hombre tranquilo. Los periodistas se lamentan de su corta preparación. Galvao Bueno, el narrador de los partidos de la selección para O Globo, consideraba ayer que le faltan algunas semanas para afinar, 'pero tiene tanta calidad que enseguida marca las diferencias'. Bueno ha visto mucho y muy bueno. Ha narrado los Mundiales desde Alemania 74 y tiene claro que su equipo favorito es el Brasil de España 82, el brillante compendio integrado por Zico, Falçao, Sócrates, Cerezo y Junior, entre otros. A Ronaldo le vio aparecer casi como un chiquillo en el 94. 'Ahora es un hombre al que la vida le ha hecho madurar', dice.

Hace cuatro años, Ronaldo se preparaba para integrarse como el quinto hombre de la corona histórica. Después de Di Stéfano, Pelé, Maradona y Cruyff, llegaba el fenómeno brasileño. Con 21 años, había cruzado la barrera del sonido: no sólo era el goleador del momento, sino una estrella comercial de proporciones planetarias. Su figura presidió el interés de Nike por firmar su famoso contrato por diez años con la selección brasileña. El delantero llegó a Francia como una especie de icono. Primero estaba él y después el fútbol. A su alrededor, los intereses económicos crecieron de tal manera que llegó al torneo con una responsabilidad insoportable para alguien de 21 años. Todo valía para el negocio: su juego era una parte del asunto, pero no más importante que su relación con Susana Werner, la chica más fotografiada. Antes que Victoria Adams estuvo ella, una rubia aniñada.

A Ronaldo le tocó perder dos veces en Francia. Perdió la final y perdió su condición de rey indiscutible. Al menos, se lo discutió Zidane. Y luego llegó Beckham, una estrella del pop. En el trayecto, se rompió una rodilla dos veces. Todo fue en descenso: un buen día se supo que su relación con Susana había terminado y no mucho después se anunció el embarazo de Milene Domingues, su esposa. Mientras tanto, era carne de quirófano. En el consumismo voraz del fútbol, su nombre comenzaba a disiparse.

Ahora es Beckham el que ostenta la corona. Por supuesto, es peor futbolista que Ronaldo o que el Ronaldo sano que deslumbró en el Barça y en su primera temporada en el Inter. Pero, a estas alturas, ya no se trata de medir al mejor, sino de preservar al más conocido. Y ése es Beckham y su saga: su esposa, Posh Spice; su hijo, Brooklyn; su metatarso quebrado, sus portadas en las mejores revistas de moda femenina, su fiesta de medio millón de euros un día antes de partir con la selección hacia Japón.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 31 de mayo de 2002