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Reportaje:España | Mundial 2002

Maneras de vivir

España se ha aislado en su concentración como en una burbuja, todo lo contrario que Brasil

Santiago Segurola

Nadie tiene la receta perfecta para preparar los detalles de una Copa del Mundo, algunos de los cuales afectan a la vida cotidiana de los futbolistas y el entorno de entrenadores, médicos, fisioterapeutas y demás. En Ulsan, por ejemplo, las selecciones de Brasil y España están separadas por apenas dos kilómetros. Sin embargo, hay una distancia considerable en el ámbito de las relaciones sociales de ambos equipos. Lo que se denomina concentración en el fútbol -la espera de los partidos en los lugares de alojamiento- ofrece en este caso dos miradas muy diferentes.

Se podría pensar de Brasil, por la trascendencia que tiene su selección y el glamour que la acompaña, como un equipo atrincherado en algún fortín, ajeno a las mareas de periodistas y aficionados que levanta a su paso. Al fin y al cabo, se trata del Brasil de Ronaldo, Rivaldo y demás celebridades. Cada jugador, por sí mismo, es una estrella de orden planetario. O, si no lo es, lo será muy pronto. Lucio ha llegado a esa posición de figura en apenas un año y muy pronto se anuncia el salto de Kaká, el prometedor centrocampista del Sao Paulo. Para comprobar el impacto de Brasil basta asistir al formidable despliegue de la cadena de televisión O Globo, cuyo ejército de operarios invade cada día el campo de entrenamiento del equipo, al que se acercan periodistas de todo el mundo.

Scolari, el técnico brasileño, no quiere que el aislamiento genere tensión o alienación
¿Conviene pasar directamente de un lugar sellado a la apabullante atmósfera competitiva?
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Pero lejos de blindarse en un búnker, Brasil ha escogido el menos estricto de los modelos de concentración. Alojada en el hotel Hyundai, a 800 metros de los astilleros Hyundai y a un salto de los lujosos almacenes Hyundai -el local de Prada sucede al de Etro, y el de Etro al de Gucci, y el de Gucci a...-, la selección brasileña ocupa dos plantas del establecimiento. El resto del hotel está a disposición de una variopinta clientela que va desde un amplísimo número de periodistas brasileños hasta ejecutivos de medio mundo, naturalmente destinados a establecer tratos con la corporación Hyundai. ¿Cómo afecta eso a los jugadores? No se sabe, pero hasta el momento no hay queja alguna.

Aunque sus dos plantas están selladas por un fuerte cordón de seguridad, es frecuente ver a las estrellas brasileñas en los salones de la primera, departiendo con amigos y periodistas, siempre y cuando no funcionen las grabadoras y las libretas. Cumplido este trámite, la relación es tan distendida como natural. Y no son pocos los que abandonan sus habitaciones para relacionarse con el mundo exterior. Bajan para tomar un café o charlar un rato. Baja Lucio y baja Ronaldo. Así lo quiere Luiz Felipe Scolari, Felipao, temeroso de que a sus jugadores les agarre un ataque de melancolía o de ansiedad en un puerto de la costa oriental de Corea. No quiere que el aislamiento genere tensión o alienación. Teme que se produzcan respuestas como la protagonizada por Nadal a José Antonio Alcalá, reportero de la Cadena SER. '¿Qué le dirías a tu familia de lo que te ha sorprendido en Corea?', le preguntó el periodista. 'Nada', respondió Nadal, 'porque ahora mismo no sé si estoy en Corea o en España: no hemos salido del hotel'.

Los jugadores españoles salieron horas después. Tras once días en Ulsan y un día libre que sólo aprovecharon siete de ellos para abandonar el hotel, visitaron la Casa de España, instalada en la décima planta de los almacenes Hyundai, como no podía ser de otra manera. Hasta ese momento habían estado recluidos en la Ciudad Deportiva de los Tigres Hyundai. En una pequeña colina, el recinto está integrado por dos excelentes campos de entrenamiento y un edificio al que nadie tiene acceso, excepto la selección y los federativos. Entre las paredes del hotel, los jugadores dedican la mayor parte de su tiempo a navegar por Internet, o ese rumor llega de ellos, porque fuera de los designados para cumplir con la obligación de hablar con los periodistas no hay muchas más noticias.

Si el efecto de la reclusión en el búnker es positivo o negativo, no se sabe, aunque algunas reacciones de los entrenadores en los últimos días parecen más relacionadas con las deformaciones que provoca el aislamiento que con la cotidiana realidad. La pregunta es si conviene pasar directamente de un lugar sellado durante semanas -es decir, de una burbuja- a la apabullante atmósfera que se respira en los partidos de la Copa, salto más temible en el primer encuentro. España considera que merece la pena esa vigilia intramuros. Brasil, no. Cuestión de pareceres.

José Antoni Camacho, entre Raúl, Hierro, Nadal y Luis Enrique, durante su visita a Casa España.
José Antoni Camacho, entre Raúl, Hierro, Nadal y Luis Enrique, durante su visita a Casa España.EFE

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