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Crónica:LA CRÓNICA | NACIONAL

Candidatos básicos para el PP

Los principales rompecabezas que tiene que resolver el presidente del Gobierno, José María Aznar, y su grupo de colaboradores ante los enfrentamientos electorales del año próximo se plantean en dos lugares concretos: en la batalla por la alcaldía de Madrid, que tiene un gran poder simbólico en el resto de España, y, sobre todo, en la absoluta necesidad que siente el PP de cortar el camino a Pasqual Maragall como posible presidente de la Generalitat de Cataluña.

Según los análisis de técnicos populares, el éxito de Maragall representaría un peligro importante para el PP con vistas a las elecciones generales de 2004. No tanto por la propia situación de los populares en Cataluña, sino porque la victoria del candidato socialista (octubre de 2003) obligaría al sucesor de Aznar, sea quien sea, a llegar a las urnas (primavera de 2004) habiendo recibido ya un serio golpe.

Preocupa en el PP la imagen de cambio que ofrecería Maragall como presidente de la Generalitat y su repercusión en las elecciones generales

La imagen de cambio que ofrecería Maragall aumentaría las expectativas de José Luis Rodríguez Zapatero. 'Aunque las elecciones catalanas y las generales son muy diferentes, no cabe duda de que el honorable Maragall, presidente de la Generalitat, sería presentado por el PSOE como el anticipo de Zapatero', admite sin reservas un experimentado analista del PP.

Evitar que Maragall llegue a la Generalitat puede pasar por un resultado razonable del PP,que le permita aupar a Artur Mas a la presidencia aunque el heredero de Pujol y candidato de CiUquedara en minoría. El problema es que los populares sufrieron en las últimas elecciones catalanas un buen descalabro, cinco escaños y 125.000 votos menos que en la ronda anterior, y que por ahora no tienen un candidato nuevo mínimamente atractivo. Por eso, todas las miradas en la sede central del PP, en Madrid, se han vuelto hacia Josep Piqué, como el único candidato que puede evitar un nuevo bajón.

El actual ministro de Asuntos Exteriores no se ha mostrado hasta ahora entusiasmado con la idea, pero en los últimos días ha filtrado que está dispuesto a acatar disciplinadamente lo que decida José María Aznar. Piqué desearía terminar la legislatura, pero sabe también que su carrera ha pasado hasta ahora exclusivamente por manos de Aznar y que a partir de 2004 necesitará tener otro enganche en el PP para mantener una potente presencia política (o financiera).

Estado de la nación

Su candidatura, además, sería recibida sin rechistar por los populares catalanes, que no tienen una alternativa mejor. Su secretario general, Alberto Fernández Díaz (hermano del secretario de Estado de igual apellido y mano derecha de Mariano Rajoy), no ofrece la menor garantía, según las encuestas, ni siquiera para mantener el pequeño porcentaje de voto alcanzado en 1999.

Piqué tuvo algunos malos momentos en sus relaciones con la política catalana (como cuando criticó que el futuro AVE tuviera una terminal en el aeropuerto de Barcelona), pero ofrece una imagen pública mucho más interesante que la de Fernández Díaz y cuenta además con una experiencia política considerable.

Su candidatura tendría para el PP la ventaja de inquietar a Artur Mas y, quizá, de animarle a promover una mayor colaboración con el Gobierno en Madrid. 'La oferta que hizo Aznar a CiU para que entrara a formar parte del Gobierno central seguirá en pie, si el PP vuelve a ganar las elecciones, sea quien sea el sucesor de Aznar, porque se trata de una posición estratégica', mantiene un cargo de la dirección del partido.

La atención dentro del PP se centra por ahora en los cambios a que daría origen la presencia de Piqué en la batalla catalana. Si fuera candidato, su cargo como ministro de Exteriores entraría a formar parte de la posible remodelación del Gabinete, lo que daría a la crisis un alcance mayor del previsto.

Los responsables del PP se limitan por el momento a hacer conjeturas sobre la fecha de los eventuales cambios. Algunos opinan que sería razonable que no se efectuaran hasta septiembre, dado que Aznar ha pospuesto el debate sobre el estado de la nación hasta el 15 de julio y que podría parecer extraño que, justo después de explicar que todo va razonablemente bien, anunciara el cambio de ministros.

En cualquier caso, y como sucede frecuentemente en organizaciones tan grandes como el PP, lo que empieza a despertar verdaderas apuestas internas entre los populares es el destino de un grupo de políticos y segundas figuras que deben sus actuales cargos al apoyo personal de Aznar y que tienen que encontrar acomodo antes de que el presidente deje paso libre al nuevo candidato.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 26 de mayo de 2002

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