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REPORTAJE

El Atlético pone fin a 721 días de infierno

La victoria del Leganés sobre el Recreativo (1-2) entrega a los rojiblancos el ascenso de forma aritmética

Fuera de hora, un día más tarde de lo que habría querido, cuatro jornadas antes de la conclusión del campeonato, y fuera de sitio, sentado en la butaca de casa y no sobre el campo, el Atlético puso fin a su suplicio. Se acabó la tortura. El Atlético ya es otra vez, 721 días después de aquella fatal tarde en Oviedo, equipo de Primera. Gracias a un tercero, el Leganés, que se alió con él al ganar a domicilio al Recreativo de Huelva (1-2) y dejó la tabla de tal forma que ya, pase lo que pase, sólo dos equipos pueden dar caza a los rojiblancos y a sus 72 puntos. Y ascienden tres.

Fue precisamente el Leganés a quien apelaron los rojiblancos hace un año para librarse, en un intento desesperado, de su segunda temporada en el infierno. Pero entonces los vecinos del sur no fueron capaces de impedir en la última jornada la victoria del Tenerife, el equipo que finalmente subió a Primera. Aquel episodio fue el último acto de un ejercicio mal construido en casi todos los aspectos. Justo lo contrario de lo que ha sucedido esta vez.

El Atlético aprendió la lección y empezó los deberes por el principio, contratando a un entrenador fiable, Luis Aragonés, precisamente el candidato que Jesús Gil había desechado un año antes. Entre el técnico y el director deportivo, Paulo Futre, se diseñó una plantilla equilibrada y, aunque no demasiado luminosa, sí cargada de oficio. Poblada en muchos casos de suplentes en sus clubes de origen, pero fiables al fin y al cabo. Sobre todo para Luis, que ya había trabajado con ellos. El principal trabajo del técnico fue conseguir que los jugadores se implicaran plenamente en el proyecto. Y lo logró. El Atlético entró en un bache en el último tramo de la Liga, pero el problema no estuvo jamás en la actitud de los futbolistas. El Atlético siempre estuvo en profesional, quizás demasiado, sin concederse apenas licencias estéticas, que sin duda la grada hubiera agradecido.

Y merecido, porque por encima del equipo ha vuelto a estar la afición, otra vez modélico. Siempre al lado del equipo, llenando el Calderón todas las semanas y participando en la reconquista con más intensidad incluso que cuando el equipo estaba en Primera. El sitio al que, desde ayer, ha vuelto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 29 de abril de 2002