Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Un juez archiva por falta de pruebas la muerte de un hombre quemado en su coche

En la noche del 4 de diciembre de 2000 un vecino del vitoriano barrio de Errekaleor, situado en la periferia sur de la ciudad, observaba en la distancia como un vehículo ardía en medio de una parcelaria. Tras avisar a la Policía Municipal, un equipo de bomberos llegó a la zona en donde se encontraron con un macabro hallazgo en el interior del coche. En el asiento del conductor aparecían los restos totalmente deteriorados de un hombre -apenas quedaba el tronco, mientras extremidades y cabeza estaban apenas reducidas a muñones-. Las investigaciones posteriores lograron identificar a Julián Morgado Real, un pequeño empresario de 54 años afincado en Azkoitia que se había desplazado esa tarde a Vitoria. Cerca de año y medio después, el juez de instrucción ha archivado la causa en un auto en el que desecha la tesis del suicidio y deja en el aire la posibilidad de que se tratara de un homicidio, aunque la falta de pruebas le llevan a cerrar las indagaciones.

Las primeras pruebas hicieron pensar que el coche incinerado era fruto de un suicidio. No era la fórmula más habitual de acabar con la vida, pero era difícil entresacar pruebas incriminatorias de los restos carbonizados que aparecieron. Sin embargo, no se ha encontrado una causa directa para que Morgado, nacido en la localidad pacense de Fregenal de la Sierra y afincado en Azkoitia desde los veinte años, próspero empresario de máquina herramienta, acabara con su vida. Y otro dato más subjetivo desviaba el punto de mira inicial: la muerte que padeció este hombre fue 'horrorosamente dolorosa', según explicaban especialistas del cuerpo de Bomberos, aspecto que alejaría aún más los planteamientos de una autoinmolación voluntaria.

El juez plantea las certezas del caso. El incendió que devastó el vehículo se originó en el interior del mismo, que se hallaba con las puertas y ventanas cerradas, en la zona del conductor o detrás de él. Un líquido inflamable inició la deflagración pero nadie halló ninguna lata de gasolina u otro producto cerca del coche. Además del inusual procedimiento, el magistrado descarta el suicidio por hechos circunstanciales como la normalidad que rodeaba la vida de Morgado. Casado y con dos hijos, uno de los cuales era su mano derecha en la empresa, tenía intención de viajar al día siguiente con su esposa a Peñíscola. Llamó a uno de sus hijos para decirle que llegaría sobre las 22.00 a Azkoitia, y su cuerpo fue hallado a las 23.00. En terrenos como el trabajo y la salud no tenía problemas, y 'mantenía una ética profesional aparentemente correcta'.

Por ello las investigaciones se encaminaron a indagar su estancia en Vitoria ese día. Se había desplazado para mantener un encuentro con un abogado en torno a un proceso judicial derivado de una inundación en un local de su propiedad. No había conseguido la indemnización deseada y quería intercambiar opiniones con el letrado en una reunión a la que también asistió un perito de seguros. Fue con esta persona con la que permaneció después de la entrevista con el letrado. Ambos se desplazaron hasta la zona Sur de la ciudad, en uno de cuyos polígonos decía haber quedado con una tercera persona. Pero nada más.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 22 de abril de 2002