Entrevista:Martín de Riquer y Vázquez Montalbán

'La literatura tiene que ser divertida'

Julio Matasanz, uno de los protagonistas de Erec y Enide (Areté), la nueva novela de Manuel Vázquez Montalbán (Barcelona, 1939), es un catedrático medievalista, discípulo de Martín de Riquer. También Vázquez Montalbán fue alumno de Martín de Riquer a finales de los años cincuenta. Sus clases le marcaron profundamente, sobre todo lo referido a la llamada materia de Bretaña. La historia y el análisis de Erec y Enide, primera novela de Chrétien de Troyes, escritor francés del siglo XII, atraviesa el libro de Montalbán, en forma de discurso que pronuncia el catedrático jubilado en su último homenaje. Vázquez Montalbán traslada, además, a la actualidad las aventuras épicas de Erec y Enide.

'Cuesta leer el Quijote olvidando todas las idioteces o aciertos que se han dicho sobre él'

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Martín de Riquer (Barcelona, 1914) es uno de los personajes que aparecen en la novela. Profesor y alumno, ambos premios Nacional de las Letras, conversan sobre la novela de Vázquez Montalbán y sobre la literatura en general y el placer de la lectura.

PREGUNTA. ¿Qué tal era Vázquez Montalbán como alumno?

MARTÍN DE RIQUER. Muy serio. Se ponía siempre al final de la clase y las seguía con mucha atención. Alguna vez salía de clase, sospechosamente, y volvía al cabo de un rato.

MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN. Menos un día en que usted salió un poco después que yo y vio lo que estaba haciendo.

MDR. Yo ya sabía lo que estaba haciendo.

P. ¿Se puede saber qué estaba haciendo?

MDR. Yo no lo puedo decir.

MVM. Yo sí. Estaba repartiendo propaganda política.

MDR. Recuerdo un momento muy triste, el juicio en el Gobierno Civil. Los únicos catedráticos de la Universidad de Barcelona que asistimos fuimos Fabián Estapé y yo. Aunque no podíamos hacer nada, teníamos que estar allí porque juzgaban a alumnos nuestros. Estapé estaba indignado. 'Qué vergüenza', me dijo, 'con tantos catedráticos como hay y sólo hemos venido tú y yo'.

MVM. Lo que más me gustaba de sus clases es que, al margen de la materia de Bretaña o de la lírica de los trovadores, usted nos hablaba también de la última novela de Cunqueiro. Recuerdo cuando nos habló de Las crónicas del Sochantre, hizo una descripción de cómo iban vestidos los personajes, que traducía su sistema de análisis de una novela medieval a la de Cunqueiro.

MDR. Esto dependía de la última novela que había leído... Cuando en clase se hace un corte que no tiene nada que ver con el curso resulta interesantísimo...

MVM. A los alumnos nos impactaba mucho el entusiasmo que usted ponía en las descripciones. Por ejemplo, si usted explicaba Erec y Enide o Perceval lo hacía con una pasión especial, como si estuviera contándonos una película que había visto.

MDR. Y tenía razón, porque luego se han hecho muchas películas, no de Erec y Enide, pero sí de Perceval, Lancelot y de Artus, desfigurándolos complemente, como la Fata Morgana, que se convierte en una especie de vampiresa bruja. En aquellos tiempos, la materia de Bretaña no tenía ninguna repercusión, no había novelas, no había películas, estamos hablando de un mundo que el lector corriente desconocía. Después, los lectores, tal vez para huir de la novela cotidiana y realista, empezaron a interesarse por un Perceval o un Lancenlot. Les atrajo la gran fantasía medieval.

MVM. Las mitologías dominantes eran la latina y la griega, y la medieval se coló por la cinematografía, aunque no pudo competir con el sustrato de la griega y la latina.

MDR. Pero no te das cuenta de que ahora nadie sabe nada de mitología griega y latina. Ahora, un ciudadano educado, según nuestros sistemas actuales de educación, no entiende nada. Porque la mitad es mitología y la mitad es religión y no saben ni mitología ni religión. No han aprendido una asignatura que cuando éramos pequeñitos se llamaba Historia Sagrada, no saben nada.

P. ¿Es posible llevar la materia artúrica a la realidad?

MDR. Sí. Se puede ver en la novela de Manolo. En esta Erec y Enide hay una tesis, que es la que yo intenté explicar en clase. Los personajes de Manolo leen Erec y Enide, pero en muchos momentos obran como Erec y Enide. Pero ahora no pasan cosas como pasaban en tiempos de Arturo. Ahora pasan barbaridades.

MVM. Ahora las matanzas son más industriales.

MDR. En tiempos del rey Arturo uno se defendía y si ganaba era porque podía más que el otro.

MVM. Creo que se ha hecho alguna versión en cine con Richard Gere.

MDR. Lo han convertido en una cursilada. Hay que frenar, hay que frenar, hay que verlo con más serenidad, con más comprensión y no como un chismorreo.

MVM. Es un chismorreo artúrico, como la historia de Tristán e Iseo es un culebrón venezolano.

MDR. Culebrones hay muchos. Yo de joven leí El escándalo, de Alarcón. Me gustó mucho. Cuando ya era mayor, la volví a leer y ¡vaya culebrón! Las relecturas tienen esas sorpresas, porque a veces una cosa que te ha entusiasmado de joven te decepciona. Porque tú ya sabes que la relectura es mucho más importante que la lectura. El placer mayor es la relectura. Para mí, leer algunas de las novelas de Balzac, que he leído diez o doce veces, y volverlas a leer, aunque ya sé qué pasa y cómo acaba, es una maravilla.

MVM. Cuando relee una obra de un clásico, ¿tiene en cuenta la información que ha recibido mientras tanto o entra con la inocencia de la primera lectura?

MDR. Prefiero olvidar lo que he aprendido. A veces es difícil. Cuesta leer el Quijote olvidando todas las idioteces o aciertos que se han dicho sobre él. Es un libro difícil, porque se comete el error de hacerlo leer de jóvenes y, además, se comete el error de hacer leer la parodia de una cosa que no has leído. Lo lógico sería leer Amadís de Gaula y después leer el Quijote, entonces verías la burla que hay. Leemos el Amadís después y nos parece rara, pero nos gusta.

MVM. La calidad de la obra del Quijote excede la intención paródica. Es bueno por sí mismo.

MDR. La gente no suele comentarlo, pero es fácil porque tiene una estructura lineal, las cosas suceden día tras día; cuando en cierto momento se paran Sancho y Don Quijote en la casa de los Duques, un capítulo es para Sancho y otro para Don Quijote.

MVM. Pero también aparecen digresiones.

MDR. Esto sucede en la primera parte. Cervantes lo hizo siguiendo un poco la moda, como la historia morisca del Guzmán de Alfarache. Esto acabó en Dickens, el Pickwick tiene cada tropiezo que..., que lo que hay que hacer es saltárselo y después leerlos, porque si no cuando estás más entusiasmado con la acción de Pickwick sale un tío y te cuenta un cuento de un aparecido.

MVM. Como alguna de estas novelas eran por entregas era una manera de ir proporcionando más capítulos. Dickens publicó Pickwick por entregas.

MDR. Por entregas y limitándose a unos dibujos que había hecho un dibujante. Lo de las novelas por entregas es divertidísimo. Balzac hizo muchas, pero no tenían éxito. Dumas cortaba la acción en el ápice, y en cambio Balzac la partía en la mitad de una descripción. Lo mejor es lo de María, la hija del jornalero, en la que acaba un capítulo en el que están en la miseria y María decide, contra su corazón, para salvar a su padre, vender la joya que más preciada tenía. Seguirá. Y en el capítulo siguiente vende el canario.

MVM. Es una maravilla, pero no es tan truculento como la historia de san Vicente Ferrer, cuando aquella mujer quiso honrar al santo con lo que más preciaba y le cocinó a su hijo y se produjo aquel milagro extraordinario. Guisado y todo, con la salsa por encima, el santo lo hizo resucitar. Es uno de los milagros más complicados que se han hecho jamás.

P. ¿Al profesor De Riquer le parece bien que cuando uno esté leyendo un clásico y encuentre un tropiezo, se lo salte?

MDR. Ese tropiezo puede producirse por varias causas. Que no entiendas lo que dice y entonces hay que buscar un diccionario o que te aburra y si te aburre déjalo. Una de las cosas fundamentales de la literatura es que tiene que ser divertida.

MVM. Pero un profesor tiene que aburrirse mucho.

MDR. Entonces el profesor puede avisar de que esto es aburrido.

MVM. No se ha escrito nunca una historia profesoral contra el tedio, un profesor que, en vez de hacer los cánones de Bloom, diga que a partir de la página tal del libro tal de tal escritor no siga leyendo porque es una bazofia.

MDR. Bueno, en mi Historia de la literatura catalana hay una nota donde digo que después de haber leído la primera parte del Memorial del pecador, no me he visto con ánimo de leer la segunda. Insisto, lo más importante de la literatura es divertir.

MVM. A veces es obligatorio leer un libro que dificílmente te pueda gustar y entonces haces un ejercicio de abstracción cultural.

MDR. Es que llamamos literatura a todo. Lo que escribe fray Luis de León, por ejemplo, no es literatura, son especulaciones religiosas. Guzmán de Alfarache es otra cosa, es una novela estropeada cuando hace reflexiones filosóficas.

P. ¿Se puede leer Crimen y castigo como una novela policiaca?

MDR. Es que lo es y también Guerra y paz. Son apasionantes.

MVM. La cabeza de un hombre, de Simenon, es una adaptación de Crimen y castigo en clave contemporánea. El mismo tema del asesino que trata de revelar su crimen.

MDR. De Simenon me gusta mucho Memoria de Maigret. Maigret habla en primera persona, cosa que no pasa en ninguna de sus otras novelas, y llega a la jefatura de policía un joven escritor que se llama Simenon y que pide permiso para estar un tiempo allí y ver cómo funciona. Y entonces Maigret, en primera persona, habla con un señor que es Simenon. Es decir que el novelista se hace personaje secundario en un novela en la que un personaje creado por él es el protagonista.

P. Y de Carvalho, ¿qué opina?

MDR. Es inteligentísimo, por eso me da tanta pena que Manolo no me haya sacado en una de las novelas de su detective.

MVM. Yo le prometo que en la próxima novela de Carvalho, en la que dará la vuelta al mundo, yo lo saco de asesino o de investigador, lo que prefiera. Podría ser en Túnez.

MDR. De víctima no me gustaría, pero que pase en Túnez sí, hay un museo precioso y un asesinato en ese sitio sería estupendo.

MVM. Volviendo a los mitos, en cada época se pueden leer de diferente manera.

MDR. Las obras literarias se pueden leer en cada época de una manera diferente, pero siempre hay una manera auténtica de leerla, la que quería el autor, y en el caso de Chrétien de Troyes parece evidente. Siempre fue un defensor del matrimonio.

MVM. Pero tampoco se correspondía con una moral exacta de la época.

MDR. Es un poco aberrante.

P. ¿Por qué?

MDR. Porque defiende la santidad del matrimonio frente a los amores no matrimoniales. Erec y Enide son marido y mujer.

MVM. Entonces la pauta cultural era lo contrario. Hay una alusión de Margarita de Navarra, creo, que pone en entredicho esa defensa del amor constante, porque no se corresponde con lo literario.

MDR. Porque no es una actitud típica. Chrétien de Troyes siempre ataca a Tristán, porque sus amores son adúlteros.

MVM. Era un puritano.

MDR. Sí era un puritano, pero escribía como los ángeles. Yo lo he traducido varias veces y sorprenden aquellos versos de ocho sílabas en los que no hay ni un ripio. Lo puedes traducir literalmente en prosa y no te sobra ninguna palabra.

MVM. Elegí Erec y Enide por la tesis de la reconquista del amor cotidianamente.

MDR. Todas las aventuras de Pedro y Myriam, como modernos Erec y Enide, por Centroamérica, esa narración de los militares, los paramilitares, las ONGs, la Cruz Roja, me ha gustado mucho. Es una novela muy bonita y muy bien preparada. Sólo te pediría que hicieras una corrección en la próxima edición. No se llama Real Academia de la Lengua, se llama Real Academia Española.

MVM. Anda... es verdad. Lo corregiré.

Martín de Riquer y Manuel Vázquez Montalbán, en la casa del primero en Barcelona.
Martín de Riquer y Manuel Vázquez Montalbán, en la casa del primero en Barcelona.TEJEDERAS

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 19 de abril de 2002.

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