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Crítica:LAS VENTAS | LA LIDIA

Ausencia

Antes de dar comienzo la novillada de ayer, domingo, se realizó una acto de homenaje a Joaquín Vidal promovido por la asociación El Toro de Madrid. Acudieron al evento diversas televisiones, y estuvo atenta la afición. Se realizó sobre el asiento que fuera durante años lugar privilegiado de un señor crítico y una pluma histórica de una soberanía e independencia sin par. Sobre el asiento quedaron depositados unos ramos de flores en su honor y recuerdo. Al finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio que duró una eternidad. El tiempo estuvo parado y lento, profundo el sentir.

La novillada digamos que fue interesante, variada y sin mucha relevancia en cuanto a lo artístico, pero con algo que ver y su toque de emoción a trechos. La razón fue que, a pesar de la mansedumbre y la flojera de los tres primeros novillos, hubo también casta en los tres últimos, con su aquel de genio y ganas en los novilleros, que obtuvieron resultados irregulares, sobre todo porque se olvidaron del reloj y no pudieron mirarlo cuando cogían la muleta y se disponían al trasteo final, antes de apuntar al morrillo y tirarse a herir con fe.

Vázquez / Aberto, Joselillo, Marín

Novillos de José Vázquez, bien presentados, de juego variado; los tres primeros flojos y los últimos encastados; el 2º, devuelto por inválido; sobrero de Félix Hernández, noble. Juan Alberto: estocada tendida y desprendida -aviso-, siete descabellos -segundo aviso- y se echa el toro (silencio); estocada desprendida, descabello y se echa el toro (silencio). Joselillo: pinchazo hondo delantero, pinchazo y estocada delantera -aviso- y se echa el toro (división); dos pinchazos, estocada delantera -aviso- (ovación). Serafín Marín: tres pinchazos, estocada -aviso- (silencio); pinchazo y media estocada -aviso- y se echa el toro (silencio). Plaza de Las Ventas, 14 de abril. Menos de media entrada. Se guardó un minuto de silencio en memoria de Joaquín Vidal.

Es un decir lo de que no miran el reloj. No lo consultan porque confunden lidia con lucimiento. Hay que hacerse cargo de que la presidencia llegó a mandar hasta siete avisos a lo largo de la tarde. ¡Que ya son avisos!

Juan Alberto manejó el capote con soltura y garbo en sus dos novillos, y no terminó de encontrar el sitio adecuado en sus faenas de muleta. Más meritoria fue la que hizo a su segundo, que desarrolló genio, y en donde extrajo algún muletazo de buen corte.

Joselillo demostró ser un buen capotero en todas cuantas veces intervino, y un muletero vistoso y de un concepto clásico en el cite y al correr la mano, aunque no siempre remató el pase. Le tocó el lote más potable y dejó un buen sabor de boca en el respetable, sin llegar a cuajar las faenas.

Serafín Marín tragó en su primero y estuvo valiente; en su segundo tuvo los momentos más lucidos y toreros de la tarde en las verónicas de saludo, mecidas, muy templadas, dichas con majeza y hondura. Fue una lástima que el novillo se le parara en los primeros compases de la faena de muleta, después de unos derechazos poderosos y mandones.

En definitiva, tarde tibia, lenta, variada y triste. Cuando falta un alma noble de aficionado en el tendido, algo se rompe; queda en el ambiente un vacío incuestionable, de una ausencia que duele y es difícil restañar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de abril de 2002