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Necrológica:NECROLÓGICAS

En memoria de Miguel Miravet

Miguel Miravet Hombrados ingresó en la carrera fiscal en noviembre de 1965. Fue abogado fiscal de la Audiencia Provincial de Tarragona y de la Territorial de Palma de Mallorca. En noviembre de 1976 fue promovido a la categoría de fiscal y destinado a Valencia. En enero de 1980 fue nombrado teniente fiscal del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana. Se le concedió la Cruz de Primera Clase de San Raimundo de Peñafort. [Estaba casado, tenía cuatro hijos y era miembro fundador de Unión Progresista de fiscales. Falleció el día 9 de febrero en Valencia a los 65 años].

Durante los últimos años la Muerte le hizo varios guiños sin que él se diera por aludido y, a pesar de una salud frágil y al espíritu rebelde que siempre le caracterizó, consiguió que sus seres queridos y sus amigos continuáramos disfrutando con su presencia.

Desde la izquierda en la que siempre creyó y cuyos valores en todo instante defendió, en la dictadura y en la democracia, en la clandestinidad y en la legalidad, el gran jurista y fiscal Miguel Miravet, quiso transformar la Justicia que se padecía en tiempos del franquismo por la existencia de un Estado de derecho, dedicándose a ello con gran entusiasmo en unión de otros compañeros suyos, fiscales, jueces y secretarios que se agruparon para tan noble finalidad bajo la denominación de Justicia Democrática, inolvidable por tantos motivos pese a haber transcurrido ya treinta años.

Fue un luchador nato y con un gran éxito a la hora de convencer a los que tenían el placer, auténtico placer, de escucharle, sabiendo perfectamente distinguir entre quiénes en cada momento constituían su audiencia, para a nadie molestar, siendo él en el fondo un auténtico revolucionario.

De personalidad fuerte, suave en las formas, era de una simpatía verdaderamente arrolladora, gozando de una gran popularidad en todos los foros que él frecuentó tanto en Palma de Mallorca como en Valencia, universitarios, artísticos, literarios, políticos y culturales, siendo admirado por muchos de sus compañeros y respetado por todos. Los ciudadanos anónimos, en especial los más débiles, víctimas de injusticias, siempre encontraron en él su defensa en las fiscalías a las que perteneció.

Defensor en su juventud de la revolución social y política, su análisis de la realidad le llevó en todo momento a respetar la voluntad de la mayoría de sus conciudadanos, defendiendo la Constitución y los valores en ella contenidos de forma exquisita, no exenta de brillantez, cualidades propias del finísimo jurista que era.

No vivió revolución alguna en su país pero sí contempló los grandes cambios políticos, culturales y sociales y de los que siempre se alegró, aunque nunca con ello, comprensiblemente, por insuficientes, se conformó. Tal vez pensara que si no a una gran escala -conociendo la tortuosa y torturada Historia de España-, ha sido ello una no pequeña revolución. Si para su persona la Justicia está o no en nuestros días a la altura de tales cambios, sólo él podría contestarlo, pero habiéndolo conocido...-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 13 de marzo de 2002