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Reportaje:Raíces

La brújula de escribir bien

Un libro reúne una selección de la narrativa corta de Fernando Quiñones tres años después de su muerte

Tres años después de su muerte a Fernando Quiñones le ocurre lo que a muchos escritores: el olvido parece disolver su recuerdo. El escritor gaditano, por el que Borges sentía respeto, parece que paga injustamente la variedad de registros de sus libros. La editorial Oba ha recogido en un volumen lo mejor de su narrativa corta.

Tres años después de su muerte, y a pesar de los esfuerzos de la fundación que le recuerda, el nombre de Fernando Quiñones (1930-1998) amenaza hundirse en el olvido. Quien fuera descrito por Jorge Luis Borges como 'un gran escritor de la literatura hispánica (...) o, simplemente, de la literatura' parece estar pagando la dispersión de una obra rica y compleja, tan arraigada al escenario andaluz como cosmopolita en su espíritu. A fin de que esta producción siga siendo asequible a los lectores, la editorial Oba ha recogido en un volumen lo mejor de su narrativa corta, dentro del proyecto de reeditar su obra completa en verso y prosa.

'No es ni mucho menos que Fernando Quiñones haya desaparecido de nuestra memoria', afirma Rosa Regàs en el prólogo de dicha edición, sencillamente titulada Libro de relatos, 'pero, en cambio, sí creo que los nuevos lectores que cada año se incorporan a la lectura deberían conocerlo más, manejarlo más, en definitiva estar más familiarizados con él'. Desde la aparición de Cinco historias del vino (1960) hasta Doce relatos andaluces (1989), pasando por aquella La Gran Temporada, que Borges premiara en Buenos Aires, la atención que Quiñones prestó al género queda plasmada en ocho libros, además del inédito Tusitala.

El autor de la introducción de Libro de relatos, el periodista algecireño Juan José Téllez, se resiste a creer que la memoria literaria de Quiñones pueda borrarse. 'Aunque la configuración de la industria literaria española sea bastante olvidadiza, tengo la sensación de que esta obra va a verse, por el contrario, revalorizada. Si hay algún cuaderno de ruta o brújula segura para alcanzar el éxito, ésa es escribir bien. Y Fernando escribía muy bien', afirma Téllez.

Apasionado por el cante jondo y las artes plásticas, la música clásica y la historia, la fiesta taurina, la cultura enológica y el cine, el escritor gaditano configuró en su obra un verdadero retrato al natural de la España -y aun del mundo hispano- de su tiempo. Por encima de todas sus obsesiones estuvo siempre la literatura. 'No se acercaba a ella como profesión, sino como forma de vida', comenta Téllez. 'Fernando intentaba que la vida cotidiana tuviera un buen argumento, que los personajes que le rodeaban valieran la pena. Pese a su escaso interés por lo libresco, hablaba como escribía. En este sentido podríamos aplicarle aquello que dijo Bergamín de su amigo Rafael de Paula: se torea como se es', añade Téllez.

El recorrido que propone Quiñones en este Libro de relatos incluye espléndidos homenajes a la literatura fantástica como los contenidos en La guerra, el mar y otros excesos, estampas atlánticas como las de las Historias de la Argentina, los amores fatales patentes en su Sexteto de amor ibérico o las primeras tentativas de plasmar el habla popular bajoandaluza que se adivinan en El viejo país y en Nos han dejado solos.

La huella de sus maestros, Borges y Hemingway a la cabeza, queda diluida en la consecución de un acento único e inconfundible, que viajó sin pagar peaje de la poesía a la novela (Quiñones fue dos veces finalista del Planeta con La canción del pirata y Las mil noches de Hortensia Romero) y del ensayo al relato.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 6 de marzo de 2002