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Reportaje:

Londres reabre el puente 'que se mueve'

La obra de Foster se ha retrasado 18 meses para corregir su excesivo balanceo

¿Se mueve? ¿Se tambalea? Las preguntas estaban en la boca de los miles de peatones que cruzaron ayer las aguas del Támesis por el Puente del Milenio. Así se llama oficialmente esta bella estructura de acero, diseñada por el arquitecto Norman Foster en colaboración con el escultor Anthony Caro y los ingenieros de la firma Arup, que, en el lenguaje popular, se conoce como puente que se tambalea. Muchos años tardará en deshacerse del peyorativo apodo que recibió el mismo día de su inauguración al público, el 10 de junio del año 2000.

Al poco de abrirse, el puente comenzó a balancearse provocando escenas de pánico. Foster, que no asistió a la cita, intentaba calmar la situación señalando por teléfono que su haz de luz debía tambalearse. Al fin y al cabo se trata de un puente de suspensión, el primero construido en el centro de Londres en más de 100 años.

Con la apertura definitiva del Puente del Milenio la ciudad gana una nueva ruta turística

Ese día, la gente siguió entrando en la plataforma de 320 metros de largo y cuatro de ancho, que se eleva a menos de 10 metros sobre las aguas grisáceas del Támesis. A medida que se multiplicaban los pasos, se intensificaba el vaivén. Las oscilaciones alcanzaron márgenes de hasta 70 milímetros. Finalmente, tres días después, se ordenó el cierre del puente, que la reina Isabel había inaugurado oficialmente un mes antes. Incluso esa primera celebración fue frustrante. Un retraso en las obras de construcción impidió a la soberana caminar de orilla a orilla. Tuvo que detenerse a mitad del puente. La otra mitad aún no estaba tendida. 'Fue bochornoso. Pero, ahora, el movimiento se ha limitado y hoy es un día muy emocionante', reconoció ayer Foster en la tercera y, es de esperar, definitiva apertura de su enrevesado proyecto londinense. 'El puente nunca fue peligroso y su cierre se debió a una cuestión de comodidad', añadió.

Las rencillas sobre el reparto de responsabilidades del espectacular fallo no han vuelto a producirse y parecen olvidadas. Tampoco se comenta, al menos en público, qué ha corrido con el presupuesto adicional de cinco millones de libras (unos ocho millones de euros), sobre una inversión inicial cercana a los 30 millones de euros, que ha sido necesario para rectificar el movimiento. Los creadores achacan su tropezón a la ingeniería.

'El tipo de oscilación que se producía es un fenómento que no se había documentado anteriormente. Ahora podremos utilizar el conocimiento adquirido aquí en la construcción de puentes en el futuro', señaló Roger Ridsdill Smith, de la reputada firma de ingeniera Arup y director del proyecto. Caro aportó, por su parte, la nota creativa al señalar que estos puentes 'tienen sus propias ideas, hacen sus propias cosas'.

Los modelos informáticos no estaban diseñados para examinar la reacción de esta ligera construcción al paso de los cientos de miles de personas que, hace ya más de 18 meses, acudieron a su inauguración al público. El dictamen final de los ingenieros identifica las causas de la exagerada oscilación en una reacción en cadena provocada por la presión sincronizada del movimiento de la gente. Para corregirlo se han insertado en la estructura 91 placas de cemento, similares a los amortiguadores de los automóviles, sin llegar a alterar el diseño original.

Con este proyecto la ciudad gana una nueva ruta turística que enlaza directamente la catedral de San Pablo, en los márgenes de la City, con el museo Tate Modern y el shakesperiano Teatro Globe, ambos en la orilla sur del río.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 23 de febrero de 2002