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Entrevista:NAHIKO | Pintor

'El color permite tantas cosas como cualquier lenguaje'

La inclinación temprana de Nahiko Azurmendi (París, 1973) por la pintura no se quedó en simple vocación. Estudió Bellas Artes en la Universidad del País Vasco (UPV) y conoció las tendencias europeas, gracias a una beca Erasmus en París. Hoy, después de dos años dedicado a pintar por encargo, protagoniza su primera exposición individual en el bar Ziripot de San Sebastián (Larramendi, 9). El joven, que firma sus lienzos sólo con su nombre de pila, presenta 22 óleos coloristas, tres grabados y dos dibujos -realizados en los últimos siete años- en los que muestra su preferencia por plasmar la cotidianeidad.

Pregunta. Usted hace pintura figurativa en un momento en el que los jóvenes se decantan por la abstracción. ¿Siente que camina contracorriente?

Respuesta. A veces sí, pero también hay mucha gente que pinta retratos, paisajes... y en eso no soy una excepción. Siempre me ha gustado de alguna forma pintar algo que sea de la época y ésta es mi manera de verla. Además, creo que mi pintura es tan actual como la más vanguardista.

P. ¿Siente que así se entiende con más facilidad?

R. Creo que la pintura figurativa es más popular, simplemente por el hecho de que el espectador discierne a la primera lo que tiene ante sí. Pero eso no ocurre más que con el público en general, no se puede decir lo mismo de los entendidos.

P. Lleva dos años haciendo pintura por encargo, en ocasiones de temática libre. ¿Es cuando siente mayor responsabilidad?

R. Sí, pero al final el oficio hace que uno se tome las cosas en su justa medida y que lo lleve cada vez con más tranquilidad. La cuestión está en negociar con el cliente y, sobre todo, en preguntar para conocer sus preferencias. Al final, acabas por hacerte una idea sobre qué es lo que aborrece y qué tipo de cuadro le gustaría colgar en la pared de su casa.

P. Los suyos parecen casi fotografías.

R. De hecho, las tomo como base de mi trabajo con mucha frecuencia. Prefiero trabajar sobre instantáneas que sobre el natural; de alguna forma siento que al convertirlas en cuadros dicen más.

P. Jóvenes conversando en un banco, una caja de leche, un hombre orinando... ¿Tiene vocación de Cartier-Bresson en pintura?

R. En cierta forma me identifico con su obra. Pero normalmente no soy yo quien capta esos instantes; aprovecho el momento captado por otros. Me interesa lo cotidiano y llamar la atención del espectador.

P. ¿Con el color?

R. Puede ser el motivo, la disposición de los objetos o personajes en el cuadro o el color. Creo que el color en la pintura es casi todo, porque permite tantas cosas como cualquier lenguaje.

P. ¿Hacia dónde evoluciona su obra?

R. Cada vez hacia motivos más banales. Me atrae lo kitsch y colorista.

P. ¿Alguna vez ha renegado de uno de sus cuadros?

R. Sí. Además creo que es muy sano. En la pintura, como en la vida, está bien toparse con obstáculos.

P. ¿Los jóvenes artistas tropiezan con muchos?

R. Es complicado entrar en el circuito, aunque yo he tenido facilidades y algún mecenas que me apoya.

P. ¿Los bares son una alternativa?

R. Creo que están haciendo una labor encomiable. Ofrecen sus paredes a quien quiera exponer y eso es mucho para la gente que empieza. Y al final, se ven más tus obras que en una galería. Pasa más público, aunque quizá no sea el que está dispuesto a dejarse el dinero. Pero una cosa compensa la otra.

P. ¿Con qué tipo de espectador se queda?

R. Me quedo con todos, con todas las personas que estén dispuestas a ver mis cuadros les gusten o no.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 23 de febrero de 2002