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CARTAS AL DIRECTOR

¿Discoteca o museo?

Bienaventurados los visitadores que han sido, son y serán (según los augurios) del Museo Guggenheim de Bilbao: ellos serán vejados, como yo lo he sido.

Lo de menos es que les precintarán la cámara (detalle de evidente mal gusto): lo humillante es que serán precintados, como yo lo he sido, ellos mismos, debiendo portar en la muñeca y a modo de pulsera (¿por qué no collar?) el susodicho precinto.

En discotecas se usa: lo sé. Pero ¿es lo mismo? Y si lo es, vaya discoteca aburrida. Y qué paradoja: porque si todo invita, y el arquitecto anfitrión es el primero, a hacer el gamberro en ese recinto loco, las azafatas sacerdotisas cortan de raíz el intento y al primer brote.

¿En qué quedamos? ¿Es una risa y todos somos quinceañeros, etiquetados y felices? ¿O va en serio? Porque, si va en serio, exijo, al menos, un respeto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 6 de febrero de 2002