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Música para una 'road movie' con clase

Con una carrera musical de lo más imaginativa y coherente, aunque proyectada fuera del cauce del gusto mayoritario, el santanderino Nacho Mastretta continúa ascendiendo peldaños en una escalera musical que no se sabe muy bien hasta dónde asciende, pero que sí va dejando en cada escalón una estela de interés. Esto último es muy importante, porque la música de consumo -en todos sus géneros- se ha vuelto de un tiempo a esta parte muy poco interesante. Sonando algunas veces a Nino Rota o Henry Mancini, otras al tándem Goran Bregovic-Emir Kusturica y también como si Mastretta y su grupo se hubieran enredado en el Libertango de Astor Piazzolla, Nacho y su esquelético armazón de músicos, de un obsesivo minimalismo tímbrico y sonoro, ofrecen un nuevo camino para perseguir a la música; una vía más visual y que, por consiguiente, es deudora tanto de lo que suena como de las visiones casi cinematográficas que ese sonido conjura.

Nacho Mastretta

Nacho Mastreta (saxo, clarinete, armónica y teclados), Miguel Malla (saxo), Pablo Novoa (guitarra y melódica) y Ricardo Moreno (percusión). Sala El Sol. Madrid, viernes 1 de febrero.

Mastretta escogió para la presentación en sociedad de su último y reciente álbum Música de automóvil la participación de otros vientos con los que reforzar las melodías solistas, así como una guitarra llena de eco y que otras veces podía sonar como esos conciertos de serrucho que solían dar en las ferias y circos freak de antaño. En cuanto al ritmo, el porcentaje de ritmos grabados ha disminuido con respecto a otros planteamientos de directo de Mastretta, y a Ricardo Moreno sólo le falta un wok para aporrear marcando ese ritmillo de incipiente groove; a veces tan naïf como si de cacerolas y cacharros se tratase.

Discos enteros

En cuanto a los temas interpretados, la mayor parte de ellos eran del citado nuevo disco, que parece concebido para el único aliado que le queda hoy al melómano: el reproductor de CD del coche. Este aparato casi te obliga a escuchar los discos enteros y, si se es especialmente vago, a volverlos a oír otra vez hasta que el propietario se decide a cambiar de CD. A ese nivel, el último elepé de Mastretta resulta perfecto para dejar que suene una y otra vez en el habitáculo del coche: por su variedad, por el carácter evocador de su música y por el sentido del humor que destilan canciones como Última vuelta en Monmeló, Reparto a domicilio, Michelín o Aventón en auto-stop. Como se ve, la intención de Mastretta es crear la banda sonora para una road movie en la que el automóvil sea escenario y protagonista. Un bello intento para hacer que, al menos, un pequeño sector de la música pop que se hace en España muestre algo distinto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de febrero de 2002