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"Me dicen que estoy más joven que nunca"

'Me dicen que estoy más joven que nunca'. A Botín le cuesta mucho disimular su estado de ánimo. Y ayer, a pesar de que los resultados del banco no acompañaban, estaba eufórico. Respondía a una pregunta sobre la fecha de su marcha del banco (prevista en principio para 2007 cuando cumpla 72 años); pero, eso, ahora que él ha asumido la presidencia de manera unívoca, eso es otra historia. 'Me queda más de una legislatura, por lo que ahora no es cuestión de hablar esas cosas', comentó. Y aprovechó para lanzar piropos a su segundo, Ángel Corcóstegui, y al grupo de ejecutivos allí presentes: 'Además, y como tengo un equipo muy brillante, quiero tener tiempo para viajar, pensar y hacer deporte'.

Botín escogió la vieja sede del antiguo Banco Central (edificio del recientemente celebrado arquitecto Palacios) para presentar a la prensa los resultados del Santander, como él quiere rebautizar a la entidad. Pero tiene razones suficientes para estar preocupado. Inició el año anunciando que ganaría 3.005 millones de euros (casi un 30% de incremento) y lo terminó con un beneficio de 2.486,3 millones (un10,1%), un recorte más que considerable que sólo se digiere achacándolo a la crisis argentina y la recesión internacional. Proclamó a los cuatro vientos la exigencia de reducir costes hasta llegar al 40% de los ingresos y de momento sigue en el 54%. Y eso a pesar del recorte de oficinas (desde 1999 se ha pasado de 6.463 a 4.165 oficinas y la plantilla ha adelgazado un 37%, 18.446 personas).

Pero el banquero cántabro prefiere buscar la parte buena.Para él su entidad es 'una fortaleza acorazada que resiste todas las tormentas'. Algunas en otros continentes, como la argentina; otras cercanas, como la que azotó a la entidad durante prácticamente todo el año pasado por la crisis de poder que protagonizaron los dos presidentes, el propio Botín y José María Amusátegui. Un episodio que supuso la salida precipitada de éste (lo previsto era en la próxima junta de accionistas). No hubo referencia alguna. Como tampoco a la reciente reducción del consejo de la entidad en seis personas, en su mayoría del antiguo BCH. Ahora el banco es más del paño de Botín. Más manejable. Con un equipo que le permita jugar al golf, viajar, pensar... y, si cabe, despachar los domingos por la tarde.

Botín no ha variado el aprecio que tiene a Banesto. 'No está en venta'. 'Tiene un valor incalculable'. 'Es la joya de la corona'. Fue rotundo mientras a Alfredo Sáenz, presidente de esta entidad. En un gesto de autoridad y rapidez de reflejos, no dudó en cambiar los planes y anunció que la convención de directivos de este año, el 7 de febrero, volverá a abrir sus puertas a la prensa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 23 de enero de 2002