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LA CRÓNICA

La magia de Tortell

Jaume Mateu era un chico de Sarrià que ayudaba a su padre y a su abuela a repartir los pasteles de la insigne pastelería Foix de Sarrià, del no menos insigne poeta J. V. Foix. Pero Jaume dejó de ser Jaume el día en que se unió artísticamente a Claret Papiol y fundaron los Germans Poltrona. Lo de Poltrona le viene porque Jaume había montado ya un espectáculo con este nombre. Los compañeros de piso le regalaron unos zapatos de payaso que aún usa y que procedían de un miembro de la Ciudad de los Muchachos (curioso grupo que, por cierto, aún pulula por Andalucía).

Siempre creí que los Germans Poltrona eran de verdad eso, hermanos, y les tuve una sana envidia: por entenderse tan bien (yo tenía tres hermanos más pequeños que me habían declarado la guerra) y sobre todo por dedicarse a lo que se dedicaban: hacer el payaso (en el buen sentido de la palabra). Pasaron los años, la pareja -como tantas parejas- se separó de buen rollo y el Poltrona de Sarrià montó Circ Cric, un palíndromo que suena de maravilla y tiene su guinda en el 2002, que en este caso es el equivalente numérico de un palíndromo: un capicúa perfecto.

Tortell Poltrona apura sus actuaciones en el Teatre Nacional. 'Soy como el Nàstic en el Bernabéu', dice

Corría el año 1979, teníamos la cabeza llena de poesía, de música, de paz y amor libre. Dinero y seguridad eran palabras que no entraban en nuestra mente, llena de pajaritos de colores, y tampoco teníamos idea de cómo gestionar una empresa - aunque fuera un grupo de pasacalle o unos payasos-. Y así, ese chico de Sarrià llamado ahora Tortell Poltrona -el porqué de Tortell es fàcil de adivinar si nos remontamos a su infancia pastelera- recorría pueblos y ciudades con su compañía y una carpa, no una carpa de río sino una carpa de circo: una maravilla donde los sueños se hacían realidad: las sillas volaban, unas pulgas invisibles pasaban de uno a otro... Eso es lo que vi yo un atardecer de invierno en el Escorxador de Barcelona, donde el Circ Cric estaba instalado. Aquel día Tortell regaló una pequeña actuación privada a unos cuantos locos que corríamos por el mundo en furgoneta con un gigante, unos cuantos cabezudos, mucha música y la cabeza llena de esos pajaritos que mencionaba antes. Quedamos embobados ante Tortell: aquello era arte con mayúsculas, lo que todos soñábamos. Dice Tortell que el circo es la suma de todas las artes escénicas: hay música, poesía, magia..., es sentido común y es también un desafío a la ley de la gravedad. Aunque no siempre ha sido tratado como se merece. Hace unos años el payaso estaba muy mal visto: les trataban de locos y era impensable cualquier tipo de ayuda institucional. Joan Brossa les había dado todo el apoyo posible, pero en 1983 el Circ Cric se fue al traste y Tortell Poltrona estuvo diez años pagando deudas. Él tenía 24 y dos hijos que alimentar, así que empezó a aterrizar en este mundo y buscó una cierta estabilidad económica. Le tocó hacer bolos en bautizos y comuniones. Comprobó que el niño se asusta cuando el payaso se le acerca demasiado. 'Hay gente que le tiene fobia y es porque de pequeño tuvo algún trauma. El payaso es para ser visto en una pista, de lejos'.

'¿Y qué pasa con la nariz?', le pregunto yo. 'Pues es como llevar una máscara o no llevarla. Le ocurre igual a un guardia urbano con su uniforme: es una máscara que da coraje y te facilita el trabajo. Hasta tiene virtudes chamánicas y puedes exteriorizar sentimientos que de otra manera sería impensable mostrar. Trabajo con niños oncológicos de Vall d'Hebron y sin mi nariz de payaso no lo podría aguantar'.

Tortell me cuenta todo esto en un bar de Les Corts. Para hablar con él he tenido que pedir una cita a una secretaria. Y es que estos días anda saturado de tantas entrevistas. 'Soy consciente de que debo hacerlo y lo asumo lo mejor que puedo', comenta. 'Es la manera de que vean que estás ahí'. Hasta mañana domingo, Tortell Poltrona presenta Fa, mi, re en el Teatre Nacional junto con su compañera Montserrat Trias -el payaso blanco-. 'Es como el Nàstic actuando en el Bernabéu', comenta divertido.

Fa, mi, re es un espectáculo que resume su trayectoria por todo el mundo y en escenarios tan diversos como Colombia, el Sáhara, Croacia, Guatemala, El Salvador, Chiapas, Palestina... Uno de los logros de Tortell Poltrona ha sido la creación de Pallassos sense Fronteres, que nació en 1992 a raíz de un intercambio de cartas entre niños de la escuela Projecte de Barcelona y otra escuela de Croacia, en medio del conflicto de los Balcanes. Esos niños se encontraron en la zona de Mostar y él les acompañó. Luego regresó allí más de quince veces para actuar. De Croacia los viajes se expandieron a muchas zonas de conflicto, zonas de hambruna donde se intenta estimular a los niños para que no pierdan la capacidad de reacción. 'Hay muchas comunidades indígenas en las que los niños no saben aplaudir y cuando les gusta algo hacen sonidos con la boca'. Tortell puede contar mil historias de sus actuaciones por el mundo, aunque una de las más fuertes fue en Colombia, en la zona de Urabá, donde en plena actuación llegaron los paramilitares y les apuntaron con sus bayonetas. Tortell siguió con su actuación de las sillas que desafían la gravedad y al final dejaron las armas y le aplaudieron. Que aprenda el mundo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 8 de enero de 2002