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FALTAN 5 DÍAS

La nueva divisa en Irlanda del Norte

La carga de simbolismo político que tiene el euro se multiplica por dos en Irlanda del Norte. En las zonas fronterizas entre el republicano sur y el monárquico norte es ahora muy habitual el uso lo mismo de la libra esterlina que de la libra irlandesa. A partir del 1 de enero, la moneda de Irlanda será el euro, y como tal empezará a circular en esa zona difusa en la que irlandeses del norte y del sur conviven sin fronteras definidas. Es la única frontera terrestre de Gran Bretaña con el euro.

El euro será una moneda de uso corriente en esos pueblos política y sentimentalmente unidos a la muy católica República de Irlanda pero legalmente adscritos a la provincia de Irlanda del Norte y, por lo tanto, territorio de su graciosa majestad la reina de Inglaterra. Pagar en euros puede convertirse en un gesto de rebeldía política contra la libra esterlina, y por añadidura, contra todo lo británico.

Pero también será un factor de penetración de la moneda europea en Gran Bretaña: muchas empresas de Irlanda del Norte que hoy trabajan en libras irlandesas lo harán en euros a partir de enero.

Con todo, el uso simbólico o meramente pragmático del euro en Irlanda del Norte puede ser cosa de niños al lado de la fosa que empieza a abrirse entre los partidarios y los detractores de que la libra esterlina entre en el euro. Aunque todos dicen que la alternativa entre mantener la libra o ingresar en el euro se ha de abordar desde un punto de vista técnico, el debate acaba siempre centrándose en lo político: el no al euro se acaba razonando muy a menudo en términos de miedo a un super-Estado europeo.

De momento, los británicos están claramente en contra del ingreso: hoy, todavía un 70% votaría no. Pero los partidarios de la moneda europea ponen el acento en que los intransigentes enemigos del euro son sólo el 30%.

El resto de los noes, o sea, un 40% de británicos, pueden acabar aceptándolo si llegan a la conclusión de que puede ser una moneda beneficiosa para el país en su conjunto.

Ésa es la gran baza de los eurófilos: la economía británica está estadísticamente ligada al continente, por muy escaso que sea el apego sentimental que los británicos tengan por Europa. Al final, un debate puramente técnico acabaría dando la victoria a la moneda europea.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 27 de diciembre de 2001