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Reportaje:

Seguirá siendo el día de la salud

El último sorteo de Navidad cantado en pesetas apenas suscita emociones

Fue el último sorteo de Navidad cantado en pesetas, el próximo será en euros y seguirá siendo el día nacional de la salud. Al terminar, muchos de los espectadores que llenaban el salón de sorteos se repetían aquello de "Salud y economía es la mejor lotería" para demostrar que si el gordo había caído en Murcia, para ellos carecía de importancia. El que no se consuela es porque no quiere.

Contra lo esperado, en el salón se notaba menos expectación que nunca. Se llenó, por supuesto, mas se echaba de menos la tensa expectación, el bullicio de otros años. Quizá se debiera a que faltaban varios de los conspicuos, quién sabe la razón. Así, los que acudían vestidos de piratas, el que va con un traje forrado de monedas, el que lo lleva cubierto de décimos de la lotería, no estaban. Y sólo se advertían algunos pocos por el patio de butacas, discretamente aderezados a lo Papa Noel, salvo uno que se tocaba con unos hermosos cuernos.

La señora que se desmaya no se desmayó. Ciertamente se iba a desmayar en cuanto oyó cantar el gordo (que es lo suyo), mas al cruzar su mirada con la de quienes observábamos sus reacciones, desistió, miró para otro lado y se puso colorada.

Tardaban los premios en salir. Los niños seguían con la famosa cantinela que no se volverá a oír y al terminar cada alambre el público coreaba con ellos el evanescente final del canto de las pesetas. A lo mejor era por darles la despedida.

Los 32 niños del Colegio de San Ildefonso que extraen las bolas y cantan los premios llegaron antes de las 8 de la mañana con el debido orden y decencia, y sorprendió que los hubieran cambiado de uniforme. Ya no llevaban el azul marino de toda la vida sino chaqueta de dicho color, ellos pantalón gris, ellas falda también gris a cuadros y todos corbatas moradas o verdes.

A las 9.20 empezó el sorteo siete minutos más tarde ya había caído uno de los grandes premios, el segundo, con 72 millones de pesetas, para el número 5.967. Trece minutos más tarde se cantaba otro, con lo cual aquello parecía jauja. Sin embargo ya no hubo más emociones y cuando, tras larga espera, a las 10.45, la niña que cantaba los premios puso la mano en el alambre anunciando que iba a cantar otro, hubo en la sala un grito de expectación: ¡el gordo! Pero no era el gordo. Y al cantar entonces la niña un premio menor, le pegaron un abucheo.

A las 11.22 salió el gordo. Y ahora sí: hubo aplausos y manifestaciones de júbilo, aunque por poco tiempo, pues se supo que los millones se habían ido a Murcia y estábamos en Madrid.

Aitor Sierra y Moli Paredes, que habían cantado el gordo, y los compañeros que extrajeron las bolas, acudieron al vestíbulo donde ya estaba dispuesto el estrado al que suben para celebrar con los periodistas entrevistas en profundidad. Hasta hace poco estos encuentros se hacían a la pata la llana, mas la intrépida vehemencia de los periodistas era de tal naturaleza que arrollaban a los niños y casi los aplastaban contra la pared. Ahora, en cambio, los niños arriba, los periodistas abajo, éstos pueden preguntar a aquéllos qué se siente cuando se canta el gordo y aquéllos responder que una emoción muy grande. Aitor, por variar, a una pregunta sagaz respondió que le gustan las Matemáticas, y Moli, a otra, que de mayor quiere ser profesora. Moli es una niña monísima, sonriente, Aitor hablaba con soltura de locutor y ambos rebosaban salud. O sea que muy bien.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 23 de diciembre de 2001