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Corredor de fondo

Miguel Ángel Noceda

Dejó la informática porque se aburría y se buscó la vida como agente de cambio y bolsa, algo que sin duda le ofrecía muchos más atractivos y un futuro bastante más prometedor. Le costó dos años de esfuerzos, empapándose en casa de la legislación bursátil y de sus secretos. Lo consiguió en 1982, cuando ya contaba con el título de corredor de comercio. Y se presentó en la Bolsa de Madrid con un saludo que extendió por todo el parqué: 'Llámame Paco'.

Entonces Francisco González Rodríguez, gallego de Chantada (Lugo), tenía 37 años. Había trabajado en ITT y luego en Nixdorf. Ahora, con 57 años, acaba de asumir la presidencia del BBVA, que compartía desde octubre de 1999 con Emilio Ybarra, abriendo una situación excepcional en una entidad con solera centenaria y siempre presidida por personas procedentes de la burguesía vizcaína.

El cambio de las telecomunicaciones por la Bolsa fue radical. Lleno de ambición. La que se necesita para moverse por esos terrenos tan movedizos y privilegiados. Forzado por la regulación impuesta por el Gobierno socialista, que obligaba a los agentes a crear sociedades para poder operar, Francisco González creó FG Inversiones en 1987. Como corresponde a un hombre hecho a sí mismo, puso sus iniciales a la empresa. Desde entonces empezó a ser conocido como FG y a crecer en el mundo de los negocios. Fue uno de los más activos operadores en el sector en unos años, además, en los que la Bolsa entró en plena ebullición.

En esa frenética ocupación marcó un canon que sigue practicando: ser el primero en llegar al tajo y el último en irse. Muy temprano ya se exige haber leído la prensa. Antes de alcanzar la fama corría por la mañana en los alrededores de su urbanización. Ahora se ha instalado un gimnasio en lo más alto de la torre del banco en el complejo Azca de Madrid. No perdona los churros en el desayuno, aunque come frugalmente y prefiere beber agua.

Quizá en aquellas fechas de broker a FG no se le había pasado por la cabeza que llegaría a presidir uno de los grandes bancos europeos. Entonces, su preocupación estaba centrada en engordar su empresa, en la que dio entrada a otros accionistas. El esfuerzo le aportó pingües resultados: en febrero de 1996 la vendió al banco de inversiones Merrill Lynch por 11.000 millones de pesetas. Él se llevó el 40%. Pocos meses después, el recién llegado Gobierno del PP le nombró presidente de Argentaria. Fue el primer cambio en las empresas públicas que realizó el Gabinete de Aznar, dispuesto a abordar a saco la privatización. FG no tardó un minuto en aceptar la propuesta que le hizo el ministro de Economía, Rodrigo Rato, al que él asegura que apenas conocía. Eso sí, alguna vez había asistido a los desayunos palaciegos cuando el ministro todavía era diputado y en los que también aparecían sus amigos y colegas Manuel Pizarro y César Alierta, con los que suele compartir su afición al esquí.

Entonces dejó de ser FG. Llegó a Argentaria con su cordial saludo ('llámame Paco') y puso en marcha toda la maquinaria para concluir la privatización de la banca pública. Quedaba el 25% en poder del Estado. Respetó prácticamente todo el equipo que tenía su antecesor, Francisco Luzón. Nombró a Francisco Gómez Roldán -un ex Vizcaya como casi 300 más que habían aterrizado en esa entidad con Luzón- como consejero delegado para desactivar un cierto malestar interno, ya que prácticamente se daba por hecho que el cargo era para Ramón Bustamante y de la Mora, que procedía de las históricas familias de Banesto y está emparentado con Rato. Tras la fusión del grupo con el BBV, Bustamante se mantuvo en el consejo de la nueva entidad; Gómez Roldán ha recalado en Banesto. En los tres años que presidió Argentaria antes de alcanzar la fusión con el BBV, González se aplicó en hacer un banco moderno y competitivo. Obsesionado por las nuevas tecnologías, fue uno de los primeros en predicar la necesidad de adaptarse a Internet y lo hizo con el Uno-e.

Desde su atalaya veía cómo el resto de grandes bancos pugnaba por el liderazgo. Se dejó querer por todos. Y tanteó todas las posibilidades, con el cuidado siempre de no desairar al Ejecutivo. Al final, consumada ya la fusión entre el Santander y el BCH, la solución fue el BBV. Buena, al parecer, para las dos partes. Se hicieron unos estatutos y se fijó un periodo de transición que ha terminado antes de tiempo. González estrenará el año 2002 como único presidente de la entidad vasca. Un éxito personal. Pero, como nunca llueve a gusto de todos, le han llovido las críticas desde algunos sectores de las denominadas familias de Neguri, tradicionales accionistas del banco, y del PNV. Ayer mismo, el diputado Iñaki Anasagasti le denominó como 'ejecutivo tiburón' y recordó su estrecha relación con el Gobierno. En esos círculos se teme que el nuevo presidente intente trasladar la sede fiscal de Bilbao a Madrid. González, que durante la transición ha buscado la buena convivencia con las familias, lo considera descabellado, según sus allegados.

De momento, ha nombrado a José Ignacio Goirigolzarri como número dos. Eso sí, quizá por su interés por supervisar y estar al tanto de todo, ha asumido directamente muchos poderes ejecutivos y, fiel a sus principios de ser leal con sus fieles, ha colocado a más hombres del antiguo Argentaria que del BBV en el nuevo puente de mando de la entidad.

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Sobre la firma

Miguel Ángel Noceda
Corresponsal económico de EL PAÍS, en el que cumple ya 32 años y fue redactor-jefe de Economía durante 13. Es autor de los libros Radiografía del Empresariado Español y La Economía de la Democracia, este junto a los exministros Solchaga, Solbes y De Guindos. Recibió el premio de Periodismo Económico de la Asociación de Periodistas Europeos.

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