Columna
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Copulativos

Dos novelas han conmovido el mercado literario francés del año que agoniza, quizás porque ambas tratan de la fornicación y Francia siempre ha asumido el sexo como un asunto de Estado. El contraste entre ambas obras es considerable. En Plataforma, Michel Houellebecq canta con fino lirismo el consumo de prostitutas asiáticas, como remedio a la exigencia de las mujeres occidentales. Las adolescentes tailandesas, sumisas, educadas, expertas, aparecen como la última Thule del varón posmoderno.

En crudo contraste, Catherine Millet canta el lado femenino del fornicio en La vida sexual de Catherine M. y, como su colega, lo hace en forma autobiográfica. Escrita con una turbadora elegancia, su novela es mucho más chic. La prosa tiene una gélida precisión dieciochesca y ciertas escenas parecen fotogramas de accionistas vieneses de los años setenta. Su heroína posee una potente vulva que consume hasta medio centenar de vergas en una sesión. La devoradora, sin embargo, no siente placer, excepto cuando se masturba, de modo que vive sumida en el gozo de un juego fantasmal, anónimo e inocente, de un capitalismo purísimo.

Parecen dos mundos opuestos, pero son complementarios. La hembra archisexual, liberada de la castrante moral de sus dominadores, sale ahora de caza como lectora ideal de El País de las Tentaciones. En cambio, para mantener vivo su romanticismo, el macho sombrío, decadente y sentimental, huye a la gruta de las felinas rameras asiáticas que nada exigen y a todo se prestan. La mujer fuerte y el macho débil se complementan, aunque vivan en mundos paralelos y sin posibilidad de cópula. Son iguales, aunque contrarios. Capital especulativo, inversión social. Ultraliberalismo nihilista, socialismo atenuado con intereses en el Tercer Mundo.

Lo más chocante es que, así como la hembra promiscua copula por amor al arte y concibe el sexo como un mercado desalmado y conceptual, el macho romántico lo hace por amor al amor, es decir, por sentimentalidad (lo que él llama 'placer'), y, en consecuencia, ha de pagar por ello en dólares. Si ambos modelos ilustran sobre un proceso en marcha que está permeando nuestras conductas, ella es la que tiene todas las trazas de prevalecer.

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