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Crítica:

Números en problemas

Juan José Millás y Forges crean un libro de matemática- ficción en el que desde la narrativa enseñan a convivir con la aritmética y donde los números son personajes.

Hace más de ochenta años, el matemático británico G. H. Hardy fue a visitar a su colega de origen indio Srinivasa Ramanujan y, nada más entrar por la puerta de su habitación, le dijo:

-¿Sabe usted, Ramanujan? El taxi que me ha traído hasta aquí tenía la matrícula 1729. Un número carente de todo interés, sin duda.

Ramanujan no tardó ni un segundo en responder:

-Se equivoca, Hardy. 1729 es el número más pequeño de cuantos se pueden expresar como suma de dos parejas de cubos de dos maneras diferentes.

Ramanujan, que tras su muerte en 1920 pasó a la historia como uno de los grandes genios matemáticos de todos los tiempos, logró en vida dejar boquiabiertos a los especialistas occidentales con proezas como la del taxi, que estuvo a punto de hacer que Hardy se cortara la coleta. En la India de su tiempo, Ramanujan había recibido una educación aritmética muy deficiente, pero se contagió de pequeño de una enfermedad que, a la larga, le resultó mucho más valiosa que un profesorado de élite: la fiebre por los juegos numéricos.

NÚMEROS PARES, IMPARES E IDIOTAS

Juan José Millás y Antonio Fraguas, 'Forges' Alba. Madrid, 2001 241 páginas. 2.100 pesetas

Ni Juan José Millás ni Anto

nio Fraguas, Forges, son Ramanujan. Baste para demostrarlo la siguiente nota biográfica de solapa, redactada obviamente por el propio Forges: 'A pesar de haber sido suspendido en su vida escolar cientos de veces en matemáticas, Forges es un extraordinario cantante de boleros y, además, mucho más alto de lo que parece a primera vista'. Sin embargo, el escritor y el dibujante tienen mucho que enseñar a niños, profesores y padres en su sorprendente colaboración en Números pares, impares e idiotas (Alba), un originalísimo libro de cuentos que, a falta de mejor definición, podemos adscribir al género de la matemática-ficción, o tal vez al de la gamberrada aritmético-didáctica.

El libro de Forges y Millás no es para aprender matemáticas, sino para aprender a convivir con ellas en la vida civil. Tampoco está hecho para pasar unas horas resolviendo pasatiempos aritméticos: las horas se pasan leyéndolo y mirándolo, sí, pero la experiencia del lector no es matemática, sino narrativa. Los números no son objetos, sino personajes. Los cuentos no pretenden enredar al lector -sobre todo al lector más joven- en un laberinto numerológico, sino ayudarle a perder el miedo a las arideces de la aritmética, a los rigores de la tiza y la pizarra, a la fiebre ramanujiana de jugar a las matemáticas, de jugar con los números.

Pero no todo es didáctica en

Números pares, impares e idiotas. Millás -a pocos de sus lectores sorprenderá esto- se mueve con naturalidad en los territorios presurrealistas de la Alicia de Lewis Carroll, el más célebre de los matemáticos metidos a cuentistas. Carroll, por cierto, es un autor de culto en los círculos científicos anglosajones. Es difícil encontrar un solo laboratorio de Cambridge (Reino Unido) o de Cambridge (Massachusetts) donde alguien no haya colgado de la pared una cita de Alicia. Millás probablemente no lo sabe, pero sus columnas en la prensa son también muy leídas en los laboratorios españoles. Hay algo extrañamente científico en la prosa de este valenciano de letras: una delectación morbosa o alucinatoria con el abismo de los astrofísicos, con la recurrencia de los geómetras, con la química de los misterios, con las redes inextricables que pueblan de fantasmas el cerebro humano. Nada de esto tiene mucho que ver con lo que los ministros esperan de la ciencia. Pero tiene muchísimo que ver con lo que los científicos esperan de la ciencia. Ese sesgo de Millás, normalmente semivelado en sus textos, brilla en este volumen con total desparpajo.

En esta obra, cuando un 5 se mira en el espejo y ve reflejada la imagen de un 6, el 5 protesta y el espejo le responde: 'Pues si tú eres un 5, yo no soy un espejo'. Un cero pregunta a dos policías que no son policías: '¿Qué diferencia hay entre un cero y nada?'. Los números se comen unos a otros para convertirse en una suma, o crecen y se entrenan para ascender en la escala de los dígitos. El infinito es el horror de lo inconcebible, y el eterno retorno que torturó a Sísifo puede llegar a entenderse como una liberación. Así es el universo mágico (o metamágico) que nos han preparado Forges y Millás. Un universo donde entrar es mucho más fácil que salir.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 15 de diciembre de 2001

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