Entrevista:CARLOS ÁLVAREZ | Barítono

'Hay una palabra que me horroriza: defraudar'

Carlos Álvarez (Málaga, 1966), comenzó hace sólo 12 años su carrera como barítono y ya es una de las voces más importantes del panorama operístico mundial. Cursó estudios musicales en el conservatorio de su ciudad alternándolos con la carrera de Medicina. Debutó en el Teatro de la Zarzuela en 1990. Desde entonces ha cantado en los teatros más prestigiosos del mundo: Staatsoper de Viena, Covent Garden de Londres, Scala de Milán o el Metropolitan Opera de Nueva York. Regresa a Málaga siempre que puede. Esta vez lo ha hecho bajo la piel del Don Carlo de Ernani, de Verdi.

Pregunta. ¿Cómo podía compatibilizar la carrera de Medicina con la música?

R. Al principio bien, cuando la idea era convertirme en médico y me formaba para mejorar la voz. Cuando me ofrecieron un trabajo serio, ya me fue físicamente imposible.

P. ¿Cómo se dio cuenta de que tiene una voz para cantar?

R. Realmente no fui yo quien se dio cuenta. Yo sabía que tenía una voz bonita, pero fueron los demás los que se empeñaron en que tenía que cantar. Mi mujer, Carmen, y mi primera profesora del Conservatorio, María José González, fueron las que me empujaron a la música. Mi mujer ha tenido siempre muy buen ojo. (Ríe)

P. ¿Cómo surge la oportunidad de dedicarse profesionalmente a la lírica?

Lo que más afecta es lo que sucede más cerca. Para no perderte nada, suscríbete.
Suscríbete

R. A finales de 1989. Estaba en la coral Santa María de la Victoria y tuve la oportunidad de conocer a Luis Iturri, del Teatro Arriaga de Bilbao, y a Emilio Sagi, director del Teatro de la Zarzuela de Madrid. Hice un papel en La Traviata, aquí, y debuté como protagonista en Madrid.

P. ¿Cómo lleva tener que salir de casa?

R. Regular. Soy muy casero. La primera vez que salí coincidió con los Reyes. Llamé a casa y pregunté qué hacía yo allí. Pero al final te acostumbras, no queda más remedio. Ahora viajo con mi familia, mis hijos son pequeños, y es mucho mejor.

P. ¿Su familia comparte su afición?

R. Sí. El único cantante soy yo, aunque hay otros familiares que han continuado en la música. Mis padres y mi mujer son bastante críticos y la verdad es que es la mejor manera de evolucionar, que te digan lo que realmente sucede.

P. ¿Cómo lleva el éxito?

R. Con naturalidad. De otra forma tiene que ser duro. Para María Callas debió de ser difícil ser la Callas durante toda su vida. Yo pretendo que mi trabajo sea eso, un trabajo. De puertas del teatro hacia fuera soy Carlos y tengo mi vida.

P. ¿Es humilde?

R. Bueno, lo que no intento es la ostentación. Cuando miras alrededor y ves cómo está la vida me parece de mal gusto decir que a ti todo te funciona, hay que tener conciencia social. Había un tiempo en que pedía perdón porque las cosas me iban bien. Ahora intento dar las gracias y facilitar el trabajo y la vida a los que me rodean.

P. Ha actuado en los teatros más importantes del mundo. ¿Cuál ha sido el público más difícil?

R. Hay un público difícil en Italia, porque conocen la tradición de la ópera. Sin embargo, donde más responsabilidad siento es en Málaga.

P. ¿Es un público difícil?

R. No, pero hay una palabra que me horroriza, que es defraudar. No puedo defraudarles cuando leen buenas críticas de lo que estoy haciendo fuera. El malagueño es un público cada vez más informado.

P. ¿Se sigue poniendo nervioso cuando sale al escenario?

R. Bueno, siempre hay tensión. La tensión es necesaria para que todo funcione.

P. ¿Qué le ha supuesto recibir el Grammy Latino?

R. El Grammy no tiene tanta importancia en la música clásica, pero sin duda es un reconocimiento al trabajo.

P. ¿Qué le espera en estos meses?

R. Más Verdi, y la posibilidad de volver a Málaga en marzo con Donizetti.

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS