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Crónica:FÚTBOL | 13ª jornada de Primera División

El Valladolid progresa sin titubeos

El cuadro de Moré se instala en la clase media a costa de un Zaragoza encogido

El Valladolid vive su Liga cada día mejor, cada día más cómodo, alejándose más y más de los fantasmas de otras temporadas y arrimándose sin hacer ruido a algún sueño que otro. Su gran virtud es que, esta vez sí, el equipo de Moré tiene fútbol y lo pone en práctica, tiene delanteros y sabe a lo que juega. La buena imagen de otras jornadas mejoró ayer hasta límites que ni siquiera cabía esperar aunque también gracias a que enfrente había un grupo de jugadores con un líder ausente, Acuña, harto de viajes y partidos internacionales, un par de delanteros lentos y un centro del campo que Txetxu Rojo sustituyó casi en bloque mediada la segunda parte. Con el Zaragoza encogido, el Valladolid hizo su trabajo con limpieza, tan bien que su progresión comienza a ser impecable.

VALLADOLID 2| ZARAGOZA 0

Valladolid: Ricardo; Torres Gómez, Tena, Peña, Richetti, Marcos; Óscar, Jesús, Eusebio (Fernando, m. 63); Tote y Cuauh-temoc Blanco. Zaragoza: Juanmi; Rebosio, Aguado, Paco, Eskerdinha; Marcos Vales, Acuña (Chainho, m. 75), José Ignacio (Vellisca, m. 62), Garitano (Galletti, m. 75); Juanele y Yordi. Goles: 1-0. M. 20. Cuauhtemoc no desperdicia un penalti hecho por Aguado a Jesús. 2-0. M. 70. Cuauhtemoc arranca en posible fuera de juego y pasa a Tote, que remata contra Juanmi y el balón, suelto, lo recoge Fernando y lo envía a la red. Árbitro: Pérez Burrull. Amonestó a Torres Gómez, Peña y Paco y expulsó a Aguado (m. 84) por doble amonestación. Unos 13.000 espectadores en Zorrilla.

Los de Moré muy pronto pusieron el choque en el punto ideal, con una ventaja que administrar, haciendo gotear una ocasión medio clara de vez en cuando y, sobre todo, con la confianza puesta en sus dos delanteros, Cuauhtemoc y Tote, que se están dando el gustazo de formar sociedad, porque eso es lo que ha sacado al Valladolid de pobre. Eso y que ayer a Moré le dio por colocar a Eusebio como titular y el equipo se construyó en torno a él, desinflando primero el centro del campo de Acuña, que sólo pudo ocuparse de arrimar el hombro con Aguado y Paco alrededor de Juanmi. La historia fue ésa hasta el gol de penalti de Cuauhtemoc, porque a partir de entonces el Zaragoza espabiló y pareció iniciar un partido nuevo.

Lo que habían fabricado Eusebio y Jesús en el centro del campo se partió en dos a la que a los de Rojo les dio por embestir. Vista la pinta que tenía el choque, el Valladolid se concentró en agrandar su fama de equipo al acecho del contragolpe. Además, contó con Cuauhtemoc, que se dedicó a recitarlo a la menor ocasión. Así llegó el segundo gol, y aún pudo llevarse el Zaragoza un saco.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 19 de noviembre de 2001