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Crónica:FÚTBOL | 13ª jornada de la Primera División

El peor Depor también gana

La Real Sociedad fue mejor que el líder, que sacó tres goles de la nada gracias a Makaay

Alguna fuerza oscura y maligna anida en Riazor para hacerle la vida imposible a John Toshack. Vapuleado casi siempre como visitante y víctima de una borrascosa época durante los dos años que entrenó al Deportivo, el galés no quiere ver A Coruña ni en pintura. Tras el encuentro de anoche, su fobia seguramente se habrá acrecentado. ¿Qué ha hecho Toshack para merecer esto? Su equipo puso anoche casi todo el fútbol que se pudo ver en Riazor ante el peor Deportivo de la temporada. Pero su demonio particular volvió a jugársela, y el cuadro de Irureta sacó tres goles de la nada en medio de un penoso desempeño.

Llegaron los airados suplentes, aquellos que invocan una especie de derecho natural para contar con un puesto en el equipo, y el Deportivo se carcomió como si lo hubiese invadido la polilla. Lo malo de hablar mucho es que luego se exige una respuesta proporcional en el campo. Y con futbolistas como Djalminha o Makaay, que tiran a dar a su entrenador cada vez que se sienten excluidos, el líder de la Liga mostró anoche un rostro caricaturesco ante un rival que se presumía inofensivo y que, sin embargo, jugó bastante mejor.

DEPORTIVO 3| REAL SOCIEDAD 1

Deportivo: Molina; Héctor, César, Helder, Capdevila; Sergio (Emerson m. 51), Mauro Silva; Víctor, Djalminha (Valerón m. 68), Amavisca; y Makaay (Tristán m. 76). Real Sociedad: Alberto; Rekarte, Kvarme, Luiz Alberto, Aranzabal; Xabi Alonso, Idiákez; Tayfun (Demetradze m. 71), Khokhlov (Aramburu m. 79), De Pedro; y Jankauskas (De Paula m. 59). Goles: 0-1. M. 7. Gran gol de Xabi Alonso, quien, desde la frontal del área, coloca en la escuadra un centro de Khokhlov. 1-1. M. 35. Centro muy largo de Víctor desde la derecha, Amavisca toca de cabeza en la parte opuesta del área y Makaay transforma el rechace. 2-1. M. 57. Makaay remata un centro de Víctor. 3-1. M. 74. Makaay cabecea a centro de Emerson. Árbitro: Daudén Ibáñez. Amonestó a Luiz Alberto y Mauro Silva. Unos 27.000 espectadores en Riazor

Djalminha no estuvo mal con la pelota y hasta trazó unos cuantos pases muy hermosos, pero se le vio falto de velocidad y desubicado en el campo, con un excesivo interés por protagonizar todas las jugadas. Makaay, sin embargo, acabó marcando tres goles, lo que induce a pensar en una noche de gloria del holandés. Pero viéndole como estaba al inicio del partido, nadie se hubiese jugado los cuartos a que saliese triunfante de su regreso. En cualquier caso, la magnitud del desastre se llevó por delante a casi todo el Deportivo. De Mauro Silva, por ejemplo, nadie puede decir una mala palabra por la actitud con que encaja la suplencia, pero anoche se vio que, lejos de su plenitud física, tampoco está para grandes trotes. Por no hablar de la defensa, esa especie de centro de acogida al delantero que ha montado últimamente el Deportivo en su área. Que le pregunten a Jankauskas, libre como un pajarillo para adelantarse a todos los balones que caían por el centro.

Frente a un adversario tan ruinoso, la Real jugó lo que le dio la gana. Xabi Alonso, además de marcar un gran gol, dictó con excelente criterio el juego del equipo, y los demás tuvieron bula para todo: para progresar por la banda, para combinar cerca del área, para tirar desde lejos ... Con un poquito más de puntería, los de Toshack hubiesen resuelto el partido en la primera parte, un premio justo a su fútbol y a su valentía. Ocasión más clamorosa que la que tuvo Jankaukas para lograr el segundo es difícil que se presente. Pero al lituano, con Molina fuera de la portería, le dio por lanzar un proyectil antiaéreo. Mientras la Real ejercía de samaritano ante la portería contraria, al Deportivo le cayó el empate del cielo en una jugada aislada y se fue al descanso con la sensación de que seguramente lo peor ya había pasado.

Y, sin embargo, todo siguió exactamente igual, con el Deportivo hecho una birria y la Real jugando a sus anchas pero sin capacidad para pegar. Tanto se pareció el inicio del segundo acto al primero que el cuadro de Irureta volvió a marcar cuando el partido estaba más dominado por su rival, como a quien le toca la lotería con un billete que encontró en la calle. Entonces sí, la Real sacó bandera blanca y al público, que nunca le perdonará sus antiguos desplantes, le dio por ensañarse con Toshack. ¿Qué oscuras fuerzas del mal acechan al galés en Riazor?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de noviembre de 2001