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Crítica:JEEP CHEROKEE 2.5 CRD SPORT | PRUEBA

Una evolución demasiado cara

El Cherokee sigue destacando por su imagen y personalidad. Estrena un turbodiésel más potente y austero en los consumos. Pero ahora cuesta casi un millón más que el modelo anterior y es también más caro que los 4×4 ligeros. Su polivalencia en asfalto y campo, así como el completo sistema de tracción 4×4 con reductora, no justifica unos precios tan altos.

Más amplio y cómodo, con una línea original y un turbodiésel a la última. La renovación del veterano Cherokee tras 20 años de vida supone un gran paso adelante y ha reforzado su polivalencia como todoterreno familiar. Ahora ofrece la imagen moderna de los 4×4 ligeros y los recursos de Jeep en conducción fuera del asfalto. Pero el cambio de modelo se nota mucho en el precio y ha reducido su gancho comercial. Mientras casi todos los coches nuevos que llegan ofrecen más equipamiento sin apenas subir sus tarifas, este 4×4 cuesta casi un millón más que antes con un equipo de serie similar. La revaluación del dólar le ha hecho perder competitividad.

Personalidad estética

El nuevo Cherokee sólo conserva el nombre, pero sigue destacando por su estilo y personalidad, ahora en un formato mucho más moderno. El frontal, con la parrilla vertical y los faros redondos, interpreta la robustez de los 4×4 con un aire simpático y atractivo. El lateral, de línea ascendente, incluye unas ventanillas cuadradas muy convencionales. Y por detrás destacan las formas vanguardistas de los pilotos y el portón, que rejuvenecen el conjunto.

Este Jeep es bastante más grande que el anterior, pero lo disimula bien: 16 centímetros más de altura, 3 más de anchura y, sobre todo, 26 más de longitud (por la rueda de repuesto, que ahora va por fuera del portón). Tiene un chasis un 43% más rígido, pero las mejoras de conjunto han elevado el peso en casi 500 kilos, penalizando prestaciones y consumos.

Más espacio interior

El interior tiene un diseño moderno, es más amplio y da más sensación de desahogo, sobre todo en altura, que ha aumentado siete centímetros delante y nueve detrás. Las plazas delanteras son correctas, y atrás hay más espacio para las piernas, aunque sigue siendo justo. El maletero ofrece mucha más capacidad al llevar la rueda de repuesto fuera.

Sin embargo, este coche presenta detalles mejorables y no está entre los mejores: los asientos son pequeños y tienen unas banquetas cortas que reducen el confort; los pedales están mal colocados y no hay donde apoyar el pie izquierdo del conductor, y la consola central es pobre. Además, cuenta con pocos sitios para objetos: un apoyabrazos hueco muy amplio y dos posavasos delante, bolsas pequeñas en las puertas delanteras y un espacio para botellas grandes en las traseras.

Por lo demás, el interior tiene un aspecto atractivo, acabados correctos y unos plásticos en varios tonos que aportan alegría. El conjunto se completa con unas suspensiones más aptas para asfalto: es el primer Jeep con suspensión delantera independiente en vez de eje rígido, y atrás lleva muelles, más progresivos que las ballestas.

Nuevos motores gasolina y diésel

El Cherokee se vende con dos motores, el 2.5 CRD turbodiésel (143 CV) del Voyager y un nuevo 3.7 V6 gasolina (210 CV) que sustituye al 4.0 (190 CV). El primero, con cambio manual de cinco marchas, se ofrece en cuatro versiones: Base (4.914.000), con doble airbag, aire, cuatro elevalunas eléctricos y cierre centralizado; Sport (4.980.000), que añade alarma y estética más deportiva; Jamboree (5.097.500), con ordenador de viaje y llantas de aleación, y Limited (5.954.000), con windowbags. El ABS (164.400) es opcional, y sólo en el acabado más alto, una carencia injustificable en un coche de este precio. El 3.7 V6, con cambio automático de cuatro marchas, sólo se ofrece en el Limited (6.251.000). Y en diciembre llegará el más básico, un 2.4 gasolina de 150 CV (4.400.000).

Conclusión

El Cherokee es un todoterreno clásico muy polivalente. Tiene una línea original, un interior correcto y un buen comportamiento en carretera y campo. El motor turbodiésel viaja bien sin gastar mucho. Y la reductora aporta unos recursos superiores a los de los todoterrenos ligeros en conducción 4×4. Pero cuesta casi 500.000 pesetas más que ellos y no lo justifica con el equipo de serie, justo y sin ABS.

MODERNO, PERO SENCILLO

El interior del Cherokee tiene un diseño moderno, pero demasiado simple, sobre todo en la consola central. Destacan los tonos alegres de los plásticos y el salpicadero poco profundo, para ocupar menos espacio.

El sistema de tracción 4×4 se acciona fácilmente con una palanca situada a la izquierda del cambio. La consola del freno de mano incluye dos posavasos, pero se echan en falta más huecos para objetos. Y unos asientos con las banquetas más grandes, tanto delante como atrás.

El maletero se puede abrir en dos fases: la luneta hacia arriba y el portón hacia un lado. Tiene una buena capacidad e incluye unas perchas muy prácticas en los respaldos para colgar las bolsas de la compra.

ENTRE LOS CLÁSICOS Y LOS LIGEROS

El Cherokee es una opción intermedia entre los todoterrenos clásicos y los ligeros. Combina la línea y dimensiones de los últimos con el chasis de acero y la tracción 4×4 con reductora de los primeros. Pero el aumento de peso anula la mayor potencia del turbodiésel de Jeep e iguala sus prestaciones con los 4×4 ligeros como el X-Trail y el RAV4. El Cherokee CRD es casi 500.000 pesetas más caro que los turbodiésel de estos modelos. Y, aparte de correr menos que el Toyota, viene peor equipado de serie que ambos: sin ABS, airbags laterales y otros detalles. La reductora aumenta sus recursos en el campo, pero no justifica una diferencia tan alta. En cambio, es más competitivo frente a los 4×4 clásicos como el Terrano II, sobre todo por su gancho estético

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de noviembre de 2001