Reportaje:

El caos de la flota rusa

'¿Queréis navegar? Pues encargaos vosotros mismos del mantenimiento', le decían a la tripulación de los submarinos

En vísperas de que los fiscales entraran en el Kursk, ya en el dique seco, para recuperar los cuerpos de los marinos que todavía deben quedar en su interior, este periódico entrevistó a Irina y Román Kolésnikov, los padres del auténtico héroe del submarino nuclear. Ellos no sabían que su hijo -el teniente capitán de 27 años de edad que organizó a los que sobrevivieron después de las explosiones ocurridas en el sumergible y que dejó una nota con una breve descripción de la desesperada situación en que se encontraron en la novena cámara- escribía poesías. Los versos que Dimitri dedicó a su esposa, con quien estuvo casado sólo tres meses y medio, recorrieron el mundo: 'Y cuando llegue el momento de morir / aunque aparto ese pensamiento / pido tener tiempo para susurrar sólo una cosa: / querida mía, te amo'.

'Escribía para sí mismo, a nosotros no nos hablaba de su afición a la poesía ni nos mostraba sus versos', cuenta Román Kolésnikov, capitán de navío que durante 11 años sirvió en submarinos atómicos. 'Comprendí que era un poeta innato sólo el año pasado, cuando estuvo de vacaciones aquí, y para el 8 de marzo, el Día de la Mujer, escribió unos hermosos versos de felicitación a su mamá', dice. Verdad es que Irina sabía de antes que Dimitri tenía una gran facilidad para la poesía. Recuerda que en 1997 ella le comentó que quería tratar de despertar el interés de los niños por la química, disciplina que enseñaba en la escuela contigua.

'Espera un poco', le dijo Dimitri, y minutos después le trajo una hoja con unos versos escritos a máquina -Irina la ha encontrado en una carpeta donde guarda documentos de su hijo y me la muestra-, en los que en forma entretenida y graciosa creaba con diferentes elementos químicos un superhombre.

Pero aquel fue un hecho episódico y ella ya se había olvidado de la facilidad de versificación de Dimitri hasta que el año pasado recibió esa felicitación. Sus compañeros, sin embargo, contaron a Román que la poesía era una seria afición de su hijo.

Con Mijás, un amigo de Vidiáyevo, siempre hablaban sobre poesía. 'Seguramente ese amor se lo inculcó su maestra de Literatura, Galina Lvovna', opina su padre. Galina recuerda el amor de Dimitri por la literatura y también su talento de actor: desempeñó el papel del conde Nulin en el poema homónimo del gran vate ruso Alexandr Pushkin. 'En casa no conversábamos de literatura: yo soy ingeniero; su mamá, química. Discutíamos más sobre cosas técnicas', confiesa el padre. Además, los últimos años de secundaria Dmitri los hizo en un colegio especializado en matemáticas.

El padre de Dimitri está convencido de que la causa de la tragedia es un fallo técnico. 'El problema es que en las actuales condiciones el Estado es incapaz de mantener la infraestructura de la Armada al nivel necesario', afirma el capitán de navío, profesor de la Escuela Naval Dzerzhinski. 'Las tripulaciones no reciben la preparación necesaria ni la técnica, el mantenimiento debido', denuncia Román, agregando que la Armada ha estado en decadencia desde los tiempos de Gorbachov, cosa que se agudizó bajo Yeltsin. 'De año en año, la Flota recibía del 7% al 15% de la financiación necesaria. ¿Qué puede hacer en estas condiciones el mando? De ahí la situación en que se encontraban los pocos submarinos nucleares en funcionamiento. A la tripulación le decían: ¿Queréis navegar? Pues bien, encargaos vosotros mismos del mantenimiento. Pero ésa no es la tarea de la tripulación; tiene que haber servicios especiales para mantener en forma la tecnología de punta que poseen los submarinos del tipo Kursk', explica Román.

Además, las condiciones en las que servían eran pésimas. 'Sólo muchachos que aman sobre todas las cosas a la patria podían resistirlas. Los oficiales no recibían sus sueldos durantes tres, cuatro o más meses; incluso hubo casos de suicidio debido a que no podían dar de comer a sus familias', concluye con ira.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0023, 23 de octubre de 2001.

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