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LA CRÓNICA

Una acusación con efectos colaterales

Ha transcurrido la semana sin que ninguna otra novedad política doméstica haya sofocado la andanada informativa contra el secretario general del PSPV, Joan Ignasi Pla, a propósito de las denuncias sobre la presunta financiación irregular -¡valiente eufemismo!- del partido. Tampoco este asunto se ha iluminado con nuevos detalles que nos permitan encajarlo en el marco de una maniobra desestabilizadora de más calado, ni mucho menos ha enseñado la oreja la persona patrocinadora de esta maldad. Y no será porque no se le busca, por necesidad, unos, los afectados, y por curiosidad los más. Las pesquisas, sin embargo, son lo más parecido a la búsqueda de los tres pies del gato.

Eso sí, como corolario del rastreo y a título provisorio, han sido descartadas las sospechas que inicialmente recayeron sobre algún incontrolado del PP -el mismo consejero Rafael Blasco ha ido de boca en boca-, el inevitable Ciprià Ciscar, cual mago de todas las picardías, y Joan Lerma, en quien tantas expectativas de redención depositan sus parciales. A ninguno de ellos se les puede endosar por ahora el menor interés en alentar esta sacudida que conlleva cargar con el muerto, esto es, con la liquidación del secretario general del PSPV, de quien Jordi Sevilla -responsable de Economía del PSOE- decía este verano que nadie iba a moverle la silla porque con él se resolvía el problema de liderazgo entre los socialistas valencianos.

De momento, pues, lo único constatable es que las cartas denunciadoras de la posible irregularidad existieron y que circularon oportunamente como amenazantes piezas de cargo contra la elección del actual secretario general del PSPV. No es raro que hubiesen llegado a las manos de un periodista y que su medio de comunicación decidiese airearlas antes de que se las pisasen. Y, puestos a dar el golpe informativo, hiperbolizarlo con toda la contundencia tipográfica que lo ha hecho. Al fin y al cabo podía ser una exclusiva. No era asunto suyo aquilatar las consecuencias para la víctima de su apuntamiento, ni tampoco las colaterales, que las ha habido. Su pulcritud ética, la del medio, así como su pregonada objetividad, no se aviene con estas menudencias, por lo visto. Lástima que tanto ardimiento periodístico no se desplegase para averiguar quien o quienes eran los delegados de Gescartera en el País Valenciano o en el cap i casal, acerca de lo cual seguimos in albis.

Efectos colaterales, decíamos, refiriéndonos a las empresas involucradas sin constatación conocida en este episodio y, de manera singular, a la especializada en obras hidráulicas que durante estos días ha sido puesta en la picota con acompañamiento de alguna chanza irresponsable por parte del rotativo El Mundo. Sin la más leve prueba de haber sido beneficiaria del Gobierno socialista, y con menos motivo del popular, ha sido apuntillada, sin haberle preguntado su parecer, como afanadora de contratas públicas, dando cuenta de las que le han sido adjudicadas en año y medio. Una cifra irrisoria, por cierto, dado el volumen económico y trayectoria de la firma aludida. Una cifra, insistimos, que bien hubiera podido compararse con las otorgadas a otras compañías del ramo operativas en esta comunidad. De tal orla sí se desprendería cuáles son y han sido las mercantiles adjudicatarias que cortan y han cortado el bacalao, sin que necesariamente haya que colegir signos de corrupción.

Es una lástima que el llamado periodismo de investigación suela ser una impostura de lo que pretende ser. De otro modo esa orla ya estaría hecha y divulgada, incluidas las circunstancias de cada adjudicación. De paso conoceríamos la razón de algunos prodigios empresariales. Mientras tanto, los dedos se nos hacen huéspedes y validamos cualquier acusación o deducción apresurada, sin reparar en los daños y descréditos que se propician. A veces, de muy difícil reparación, como es el caso de la compañía puesta en jaque que glosamos, y del mismo líder socialista que aún anda preguntándose qué delito ha cometido para que le propinen esta patada a la peana cuando creía tener pacificado el partido. Quizá mañana, como invitado del Club Jaime I, nos revele off the record alguna clave de este capítulo inacabado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de octubre de 2001