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Sitges consolida el interés de los jóvenes por el cine fantástico

El Festival de Cine de Cataluña ha pasado ya el ecuador de su larga, apretada programación, y lo ha hecho consolidando aún más su principal logro desde siempre, la presencia masiva de jóvenes espectadores ávidos de ver sobre todo las propuestas de género fantástico, menos interesados, en cambio, por otras ofertas del festival, de mayor enjundia intelectual y artística.

Fue la de ayer una jornada de trámite, presidida sobre todo por algunas propuestas de género, ninguna notable aunque decorosamente narradas. Es el caso, por ejemplo, de The bunker, del británico Rob Green, que sitúa su acción en los días finales de la Segunda Guerra Mundial, y lo centra en un pelotón de soldados alemanes en fuga. Hecho con los moldes ya mil veces vistos en el género -la amenaza acechante, la confusión sobre su naturaleza, el suspense casi como único recurso-, el filme resulta correcto y previsible.

También correcta, pero sin más, se presenta En lo más profundo, de los estadounidenses Scott McGehee y David Siegel, que adapta una olvidada novela de Elisabeth Sanxay Holding, que ya había abordado el gran Max Ophüls, en 1949, en Almas desnudas. Con protagonismo de la magnética actriz inglesa Tilda Swinton, y con un look inusualmente elegante para tratarse de una película independiente, En lo más profundo hace pasar un rato entretenido y poco más.

Fue la de ayer, en fin, una jornada con protagonismo francés, del mejor y del peor. Éste vino de la mano de Claire Denis, quien ya en Cannes molestara considerablemente al personal con su pedante, hueca y vacía Trouble every day. Lo bueno, en fin, lo encontramos, como tantas veces, en la programación de la Semana de la Crítica. Un humilde documental de uno de los realizadores franceses más ocultos e interesantes, Alain Cavalier, Vies (Vidas), compuesto por cuatro retratos de amigos suyos (un oftalmólogo, un escultor, un carnicero y una montadora de cine), de los que está expulsada toda elocuencia, refleja con sutileza e ironía la peculiaridad de cuatro destinos... de cualquier destino, a decir verdad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de octubre de 2001