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COLUMNA

Prodigios

Como los gitanos de Cien años de soledad, que cada primavera volvían a Macondo en medio del estrépito de su feria de inventos, los políticos del PP se preparan a desembalar de cara al nuevo curso los prodigios que han de condensar la fantasía de los ciudadanos. Proclamarán otra vez sus habilidades asombrosas, anunciarán sus proyectos y maldecirán a cualquiera que ponga en duda la eficacia de sus artificios. El problema es que la memoria de la gente guarda ya de otros años el recuerdo de tanta maravilla voceada y que en los trasteros se almacenan cachivaches que nunca funcionaron. Nadie habrá hecho, jamás, tantos colegios, gritarán con alboroto los saltimbanquis, ante la mirada reticente de quienes no los ven y empiezan a pensar que son una quimera. Nuestra sanidad es envidiada casi en el mundo entero, recitarán los loros, tal vez porque en un hospital valenciano han tardado semanas en caer en la cuenta de que los enfermos renales morían de repente enchufados a sus máquinas de diálisis. Como es bien sabido, la irradiación de la cultura de aquí seguirá sin tener parangón, aunque la insólita Bienal de las Artes haya revelado un magnetismo más bien paupérrimo para tanto alarde. Es probable, aunque nunca se sabe, que la atracción del comedor de fuego no salga del baúl, vista la devastación que un incendio forestal de grandes proporciones ha producido en Xert a finales de agosto. No faltará a la cita el prestidigitador, aunque su número con las monedas ya no engañe a nadie porque las cuentas de la deuda son tercas como una mula. El malabarista de seis brazos intentará distraer la atención para que nadie repare en el cantante de poderosa voz que abandona por la puerta de atrás a una troupe que niega conocerlo. Figurantes de Terra Mítica declamarán en vano que son embajadores del primer parque temático de Europa. Y en fin, consejeros, parlamentarios, presidentes de diputaciones, alcaldes, concejales y hasta periodistas entonarán romanzas en honor de un líder que no es coronel, ni se llama Aureliano Buendía, que no emprendió treinta y dos guerras, ni las perdió todas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de septiembre de 2001