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TIROS LIBRES

El antecesor

Gasol, Raúl López, Navarro, incluso Felipe Reyes. La ilusión generada por este equipo, enorme y a la que sólo las limitaciones físicas cerca del aro y la falta de un tirador de garantías pone un razonable freno, se ha basado en estos nombres. Son sinónimo de ciertas cualidades olvidadas, como juventud descarada, imaginación sin complejos o ausencia de miedo ante hombres, nombres o equipos, aunque se llamen Estados Unidos.

Pero es justo recordar que desde hace ya unos años un jugador ha hecho también de esas mismas cualidades sus argumentos principales y que ahora, por fin, debe recoger el reconocimiento que merece. Lo que ocurre es que, al no estar bajo el foco de un Madrid o un Barcelona, y también por poseer un estilo que no suele ser santo de la devoción de los entrenadores cuadriculados, José Antonio Paraíso ha pasado demasiado inadvertido para el talento que poseía y, por supuesto, posee. Corre, salta, tira, defiende y rebotea. No es extraordinario en ninguna faceta, pero resulta solvente en todas. Y, lo que es más importante, todo el caudal de juego emana directamente del enorme entusiasmo con el que se aplica.

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Es precisamente este aspecto el que le une a la generación de Gasol y compañía, gente que, por encima de todo, disfruta en la cancha. En la dura travesía de los años 90, Paraíso era un soplo de aire fresco que, en un baloncesto rácano como el que sufrimos, no siempre fue comprendido en toda su extensión.

La labor de Paraíso tuvo una trascendencia decisiva en el debú español. Por lo que hizo y por cuándo lo hizo. Era el primer partido, había un equipo peligroso enfrente, España venía de dos derrotas en los últimos choques de preparación y el sistema de competición no ofrece segundas oportunidades. En estas circunstancias tan delicadas, fue Paraíso el que quitó los nervios, sirvió de referencia y lanzó con su acertada racha a todo el equipo hacia una dinámica positiva.

Este equipo es de los júniors de oro, pero ayer la luz la encendió Paraíso.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de septiembre de 2001