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A la deriva

Una nueva etapa de transición, una nueva duda, una nueva temporada con el objetivo de la permanencia y poco más, una nueva campaña dominada por la austeridad. El Valladolid sigue en sus trece, empeñado en hacer de la precariedad su constante vital de mayor consideración. Vive a la deriva, traído y llevado por dirigentes manejones, por propietarios ausentes, por compradores ficticios y casi novelescos. Y nadie aparece con ganas de colocarlo en la línea de salida correcta. El final de la pasada temporada lo dejó en una situación esperpéntica. La dimisión del anterior presidente, Ignacio Lewin, dinamitó una situación repleta de explosiones parciales, pero tuvo un efecto balsámico en el graderío, la prensa y los empleados. Con la llegada de Carlos Suárez, vicepresidente ejecutivo, las nóminas comenzaron a cobrarse, el equipo cumplió con una victoria inverosímil en Riazor, ya a las órdenes de Pepe Moré después del fiasco del argentino Francisco Ferraro, y lo demás se redujo a pensar en cómo salir de tanto desastre.

La situación es la misma porque las empresas propietarias no quieren hacerse cargo del club y su única preocupación es escuchar ofertas de compra que o no llegan o resultan frustrantes. La repercusión de la crisis institucional en lo deportivo es más que notable. No hay un duro para fichar y lo mejor de lo que había ha sido traspasado para aligerar una deuda que comienza a resultar aplastante. El mejor jugador de los últimos tres años, García Calvo, se ha ido al Atlético y Heinze al París Saint Germain.

A cambio, los refuerzos han sido escasos. Las bajas de los dos centrales se han suplido con dos futbolistas del Atlético, Gaspar y Mario. El Valladolid, eso sí, ha conseguido recuperar futbolistas que han triunfado en otras tierras y categorías. Lo más esperanzador es la vuelta de Luis García después de un año espléndido en el Tenerife, con el que fue uno de los máximos goleadores de la categoría. También regresa Tena, ex central del Madrid, y se mantienen vigentes las cesiones de Fernández, también procedente del Madrid, y de Blanco, que en su primer año en España no pudo demostrar nada por una gravísima lesión. Y, a última hora, cuando los resultados de la pretemporada hicieron saltar todas las alarmas, llegó el fichaje, en este caso cesión, de relumbrón: el del deportivista Turu Flores.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 23 de agosto de 2001