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Juventud, sinónimo de orgullo e ilusión

En el segundo decenio del siglo XX, un empresario y político, Heliodoro Rodríguez López, decidió invertir parte de su capital en su gran afición, el fútbol. Así, donó unos terrenos plataneros para construir un gran estadio de fútbol, un lugar en el que disfrutar con la belleza de su deporte. El presidente del Tenerife soñaba con ver a su equipo en la Primera División, jugando bonito y contra los mejores. No pudo hacerlo. Falleció en 1950, 11 años antes de que el Tenerife ascendiera a la máxima categoría. Pero sentó las bases de un club que ahora ha conseguido su tercera estancia entre los grandes y que vuelve a soñar con los viejos tiempos, las soleadas tardes de los domingos de Primera, los bellos goles y el juego alegre y desinhibido.

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