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Muere un joven francés en Peñíscola tras chocar su moto acuática con la de un amigo que resultó ileso

Un joven de nacionalidad francesa falleció ayer frente a la costa de Peñíscola tras chocar con un amigo mientras manejaban dos motos acuáticas de alquiler. Su compañero resultó ileso. Sobre las tres de la tarde habían alquilado dos motos de este tipo, como en días anteriores, según habían señalado desde el puesto de alquiler. Por causas que se desconocen, hubo una maniobra extraña por parte de uno de ellos, que provocó que la máquina se abalanzara sobre el otro ocupante. Como resultado de la colisión resultó herido de extrema gravedad, con politraumatismos y un traumatismo cráneo-encefálico, que le tuvo inconsciente desde el mismo momento del choque.

A pesar de la celeridad con que actuó la ambulancia nada se pudo hacer por reanimarle: después de intubarlo se le trasladó al centro de salud de Peñíscola, y de ahí al Hospital Comarcal de Vinaròs. Después de su ingreso en urgencias y de practicar una operación desesperada para intentar salvar su vida, sobre las seis y media de la tarde se notificó el fallecimiento del joven, .

La otra persona implicada en el accidente resultó ilesa, aunque según indicaban desde el puesto de socorrismo de esta playa habían preparado otra ambulancia por si también había resultado herida. Hacía cinco años que no se producía un hecho de estas características en Peñíscola.

La conducción de motos acuáticas se encuentra en el ojo del huracán después de los recientes accidentes ocurridos en las costas españolas. El último de ellos, el pasado domingo en O Grove (Pontevedra), acabó con la muerte de dos jóvenes, Miguel Ángel Barreiro, de 25 años, y su novia, Concepción Montes, de 22, que se estrellaron contra una batea (plataforma para la cría de mejillones) de Porto Meloxo.

En la mayoría de comunidades autónomas hay un vacío legal sobre los requisitos necesarios para poder llevar estos vehículos acuáticos. No es éste es caso de la Comunidad Valenciana, puesto que el año pasado se aprobó una normativa que exige un título de conducción marítima para poder llevar una moto acuática. A pesar de ello, según reconocen en los puestos de alquiler, rara es la ocasión en la que una persona que alquila una moto por una fracción de tiempo cumple con la normativa. El título de conductor lo posee normalmente el propietario de la máquina. Cuando una persona se quiere subir a una de ellas, se le solicitan una serie de datos personales y se le indican las características y maniobras no permitidas en el agua. Una vez se produce este hecho se le hace firmar un contrato, por el cual asume la responsabilidad de cualquier percance.

La persona fallecida había acudido a Peñíscola en compañía de unos amigos. Se espera que en breve se produzca la repatriación del cadáver.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de agosto de 2001