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Caramelos, incidente y un órdago a la propuesta

Un reducido grupo de trabajadores de Sintel se agolpó en la salida del garaje del Ministerio de Ciencia y Tecnología ayer, hacia las dos y media de la tarde. En cuanto asomó el morro un coche oficial que trataba de incorporarse en el lateral de la avenida de la Castellana, los trabajadores comenzaron a insultar al ocupante. No sabían de quién se trataba, pero le increparon sin piedad. Uno de los trabajadores llegó a abrir la puerta del vehículo y retó al ocupante a salir y verse las caras en la calle. El conductor acabó con el incidente de un acelerón.

Un representante sindical de Sintel, Hernán Hijosa, trató de calmar a los alborotadores: '¡Ya está bien, tranquilizaos! Cada uno, a su ocupación diaria. ¡Vamos!'. Uno de los trabajadores le replicó: 'Sólo queríamos decirle a ese secretario, o lo que sea, que no es más que un ladrón. ¡Ya está bien! Llevamos seis meses aquí acampados y todavía no sabemos qué futuro nos espera'.

Hijosa afirmó que se trata de un incidente 'aislado' y explicó: 'Los trabajadores llevan desde enero viviendo en condiciones muy duras y no han cobrado una sola nómina desde hace 10 meses. Empiezan a cansarse'. 'Somos 1.500 y es la única vez que ha ocurrido algo así. La disciplina y el comportamiento de los trabajadores es ejemplar', añadió.

La tensión desapareció instantes después y todo volvió a la situación ordinaria. Los trabajadores lavaban los platos en las pilas que han improvisado en la Castellana.

Unas patinadoras vestidas de blanco y rojo ofrecían caramelos a los trabajadores como parte de una campaña de publicidad de dulces.

Los empleados de Sintel sacaron las sillas al paseo de la Castellana y se juntaron en corrillos para jugar a las cartas, para hacer figuras con cables metálicos o para conversar acerca de la propuesta del Gobierno sobre su futuro. 'Aún no nos han presentado ningún escrito oficial, aunque algo nos han adelantado de forma extraoficial. Por lo pronto, le echamos un órdago a la supuesta propuesta del Gobierno y decimos que no la aceptamos', explicó ayer Hijosa mientras jugaba una partida de mus con otros tres compañeros. 'Nos parece muy positivo que el Gobierno nos haga una propuesta, porque a partir de ahí podemos empezar a negociar, pero lo que nos han adelantado no nos ha gustado. Supondría la fracturación de la plantilla en cinco grupos, y no sabemos qué consecuencias puede tener eso', comenta.

Los sindicatos temen que la propuesta sea una maniobra encubierta para dispersar a los trabajadores por diferentes empresas y así levantar el campamento, que tanta polémica ha suscitado. Luego podrían ponerles en la calle sin tanta resistencia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 20 de julio de 2001