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COLUMNA

Suma y sigue

Gaspart reaparació en Catalunya Ràdio. Dio explicaciones sensatas sobre el caso Geovanni, las mismas que el Barça ha insistido en esconder con su desastrosa política de comunicación. Sacrificó públicamente a Minguella, pero lo hizo con un movimiento de trilero que consiste en renunciar a que el ex intermediario sea asesor externo del club y pase a ser asesor personal del presidente (Minguella, que tiene su orgullo, no aceptará). Recurrió a su truco más eficaz: intimidar elevando el tono de voz y jugando al ataque para disimular sus carencias defensivas y, a la vez, dando la razón a los que le critican, una táctica que desconcierta, sorprende y, en algunas ocasiones, abochorna por la inexistencia de proyecto y el impresentable estado de la estructura deportiva (Serra Ferrer sigue de vacaciones y el futbol base está fatal) e institucional. Sea o no sea realmente el presidente honesto, renovador y centrado que dice ser, no lo parece, entre otras cosas porque sus colaboradores más próximos insisten en cuestionarlo, algunos de un modo tan gráfico como dimitiendo. Con su gestual palabrería, que en algunos momentos adquiere categoría de cantiflesca, Gaspart ha resuelto algunas dudas sobre su gestión, pero la esencia del problema se mantiene: nadie habla de valores morales, de la integración del club en el tejido social, de modelos de gestión y representatividad. Por más que grite y se sulfure, por más que prometa y se exprese con expansivo ademán, su credibilidad está en crisis, probablemente más de lo que, por justicia, corresponde a las muchas cosas que intenta resolver. Pero tampoco puede pretender convencer en su primer año. Su lastre es, que no lo olvide, él mismo. Y la actitud de Pereda, de oscura metodología, y la respuesta de Parera, con su habitual contundencia y mal gusto, son síntomas de un estilo que Gaspart no podrá evitar que muchos socios y aficionados rechacen más por poco transparente que por corrupto. Por supuesto, tiene derecho a creer que el mundo es injusto y que la culpa es de los traidores y los periodistas, pero incluso en eso no sería original. Eso, como tantas otras cosas que ocurren en este club, ya lo hacía Núñez.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 30 de junio de 2001