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José María Salaberria muestra el arte de la escultura en movimiento

Ha resumido en San Sebastián 7 años de trabajo

Salaberria nunca ha sido amigo de las exposiciones. 'Trabajas un montón y luego descubres que tienen poca trascendencia', afirma. Por eso, no se ha prodigado en las salas; por eso, visitar Arteko (Secundino Esnaola, 3) supone sorprenderse ante el imaginario de un artista que lleva más de 25 años trabajando. Salaberria, que presenta ahora su primera muestra individual de peso, ha transformado la galería en un laboratorio. ¿Cómo fabricar un esparcidor de incienso con una botella de plástico? ¿O una pequeña centrifugadora? ¿Y un funicular plateado que cruza la sala a dos metros de altura en un alambre?

La suya no es una propuesta al uso. El funicular avanza sobre el espectador mientras se escuchan unos sonidos robóticos. Es Metrópoli, una instalación realizada con aluminio, componentes eléctricos y otros elementos, que representa la locura de las grandes ciudades y manifiesta 'la contradicción entre el progreso y degradación del medio ambiente'.

Salaberria empezó a fabricar estas esculturas animadas hace unos diez años. 'Acabé saturado de la pintura y el dibujo y empecé a buscar lo tridimensional. Desde siempre me había atraído el mundo de los juguetes, eso de destripar artilugios y volver a montarlos'. Y así creó sus primeras piezas simples que, con el tiempo, se han ido complicando. Estos móviles son para él sinónimo de 'enajenación, locura e inutilidad más tiempo perdido'. La docena de piezas que se exhiben en la sala, están realizadas en alumnio, madera, cartón, hierro, plásticos u otros materiales reciclados. Basta pulsar un interruptor para que cobren vida: giran, suben, bajan e incluso recorren espacios de la sala.

Salaberria nunca ha dejado de pintar. De las paredes de Arteko cuelgan 45 obras -entre pinturas y dibujos-, en los que muestra su obsesión, cada vez más abstracta, por las formas laberínticas, las construcciones o la representación del caos. 'Pienso que si se profundiza en la pintura siempre acabas por alejarte de lo figurativo', dice.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 29 de junio de 2001