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Crítica:ANDY CHANGO | POP

Momento química

Más allá de las meras fórmulas científicas extraídas en un laboratorio, química es también cuando hay simbiosis entre un artista y su público. Puestos así, puede decirse que hubo mucho de ella en el concierto que el último artista argentino asentado en Madrid, Andy Chango, ofreció en El Sol la noche del miércoles. Pero en el sentido literal, en tanto que sustancias de laboratorio utilizadas como remedio de males o escapismo, hubo también mucha de ella en el escenario, o por lo menos mucha mención a la química.

Es una constante en los dos discos que el artista ha publicado en España. Se diría que los dos constituyen un vademécum profiláctico de urgencia. En el primero, el homónimo publicado hace un par de años, Chango aparece como un politoxicómano frívolo capaz de meterse en el cuerpo todo tipo de drogas para evadirse de la manera más divertida; en el segundo, convertido en un personaje casi de tebeo (el capitán Angustia), más feliz sin tanta sustancia pero igual de quejoso con los achaques domésticos de la salud (dientes amarillos, sequedad bucal, acidez de estómago).

Sobre esos dos pilares construyó su divertido y abrasador concierto. Ungido por esa desinhibición de la que hacen gala los artistas argentinos, Chango hace excelsas melodías pop con toque rockero. Es muy saludable su pérdida absoluta de ridículo que le hace tanto disfrazarse de su nuevo personaje (malla blanca ceñida, antifaz y capa) a la mitad del concierto como de mostrarse en calzoncillos sobre el piano en el delirio final. Todo ello sazonado de estribillos que, por sencillos y escuetos, se clavan como puñales. Una falta de pudor gratificante (no hay constancia de que ayudada por la química, está lúcido todo el rato) que alcanza su plenitud cuando invita al escenario a todas las rutilantes estrellas que le habían ido a ver. Fue el momento química con Pablo Carbonell, Alex Olmedo (de la Naranja China, el grupo que teloneó), Ariel Rot o un encendido Fito Páez desde la pista cantando a grito pelado con Chango eso de 'qué lindo es drogarse en familia', todo un himno contra la hipocresía y los miedos absurdos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 15 de junio de 2001